La creación consciente
Volví al cuaderno con una pregunta que no podía ignorar.
— Dijiste que vine a crear. ¿Qué significa eso exactamente?
La respuesta fue inmediata.
— Significa que tu vida no es algo que te ocurre. Es algo que eliges experimentar.
Sentí resistencia.
— Eso no puede ser completamente cierto. Hay cosas que simplemente pasan.
— Los eventos ocurren. Tu experiencia de ellos es creación.
Me quedé mirando esa frase.
— Explícalo mejor.
— Dos personas pueden vivir la misma situación y tener experiencias completamente distintas. El evento es el mismo. La interpretación es diferente. La interpretación crea la experiencia.
Eso tenía sentido.
— Entonces, ¿todo es percepción?
— La percepción es el filtro a través del cual eliges experimentar la realidad.
— ¿Y quién elige ese filtro?
— Tú. Aunque muchas veces de manera inconsciente.
Respiré hondo.
— ¿Estás diciendo que incluso mis dificultades tienen algo que ver conmigo?
— Estoy diciendo que cada experiencia te ofrece la oportunidad de elegir quién eres frente a ella.
Esa idea cambió la conversación.
— ¿Entonces no se trata de controlar lo que ocurre?
— No puedes controlar todo lo que ocurre. Pero siempre puedes elegir quién decides ser frente a lo que ocurre.
Sentí una especie de claridad incómoda.
— Eso suena a responsabilidad total.
— Lo es.
— ¿Y si no quiero esa responsabilidad?
— La tienes igual.
Silencio.
— ¿Entonces soy responsable de mi felicidad?
— Sí.
— ¿Y de mi sufrimiento?
— El sufrimiento adicional que agregas a los eventos, sí.
Esa distinción fue importante.
— ¿Qué significa “sufrimiento adicional”?
— El evento puede ser doloroso. Pero la historia que construyes alrededor de él puede convertirlo en sufrimiento prolongado.
Pensé en momentos del pasado donde reviví mentalmente situaciones una y otra vez.
— Entonces, cuando recuerdo algo doloroso constantemente…
— Estás recreándolo internamente.
— ¿Y eso afecta mi realidad?
— Tu enfoque dirige tu energía. Tu energía moldea tu experiencia.
La palabra energía no sonó mística. Sonó práctica.
— ¿Entonces la creación consciente comienza con la atención?
— Exactamente.
— ¿Y cómo sé qué estoy creando?
— Observa en qué piensas con mayor frecuencia. Observa qué temes. Observa qué esperas.
Eso me hizo detenerme.
— ¿Quieres decir que mis expectativas influyen en lo que experimento?
— Las expectativas condicionan tu percepción. Percibes lo que estás preparado para ver.
— Entonces, si espero rechazo…
— Notarás señales de rechazo incluso donde no existen claramente.
— Y si espero oportunidades…
— Reconocerás puertas donde antes veías obstáculos.
La conversación empezaba a sentirse práctica.
— Entonces, ¿cómo creo conscientemente?
— Elige quién quieres ser. Luego actúa desde esa elección.
— ¿No al revés? ¿No necesito primero que cambien las circunstancias?
— Si esperas que las circunstancias cambien para decidir quién ser, siempre dependerás del mundo externo.
Esa frase fue directa.
— Entonces el orden correcto es: primero identidad, luego acción, luego experiencia.
— Exactamente.
Comencé a entender.
— Si elijo ser una persona confiada…
— Actuarás con confianza.
— Y entonces…
— La experiencia comenzará a reflejar esa energía.
No era magia. Era coherencia interna.
— ¿Y si el mundo no responde de inmediato?
— La creación consciente no es manipulación externa. Es alineación interna.
— ¿Alineación con qué?
— Con la versión más elevada de ti mismo.
Me quedé en silencio largo rato.
— ¿Cómo sé cuál es mi versión más elevada?
— Pregúntate: ¿quién sería si no tuviera miedo?
Esa pregunta se quedó suspendida.
— Entonces el miedo es el principal bloqueador de la creación consciente.
— El miedo crea desde la carencia. El amor crea desde la plenitud.
Miedo contrae.
Amor expande.
Las palabras del capítulo anterior regresaron con más fuerza.
— ¿Entonces estoy creando constantemente, incluso sin saberlo?
— Siempre.
— ¿Incluso ahora?
— Especialmente ahora.
Sentí algo profundo en el pecho. No emoción intensa. Más bien responsabilidad.
— Entonces cada pensamiento importa.
— No cada pensamiento pasajero. Pero los pensamientos repetidos se convierten en creencias. Y las creencias dirigen tus elecciones.
— Entonces cambiar mi vida implica cambiar mis creencias.
— Implica hacerlas conscientes primero.
La conversación ya no se sentía abstracta. Se sentía como un espejo.
— Entonces dime algo claro —escribí—. ¿Cuál es el error más común en la creación humana?
La respuesta llegó sin pausa.
— Creer que eres una víctima del mundo en lugar de un participante activo en él.
Esa frase me golpeó.
— ¿Y si realmente he sido víctima de circunstancias difíciles?
— Puedes haber vivido experiencias difíciles. Pero no estás condenado a definirte por ellas.
— Entonces el poder siempre está en el presente.
— Siempre.
Miré el cuaderno.
Si todo esto era cierto, la vida no era un juego de azar.
Era un espacio de elección constante.
No podía controlar todo lo que sucediera.
Pero podía elegir cómo experimentarlo.
Y esa elección lo cambiaba todo.
La conversación estaba empezando a revelar algo mayor:
No vine a sobrevivir.
Vine a crear.