El propósito real de la vida

Capítulo 4 • 27 Feb 2026 1 vistas 4 min

Volví a escribir con una inquietud más profunda.

— Si vine a crear… entonces dime algo claro. ¿Cuál es el propósito real de la vida?

La respuesta no tardó.

— Experimentar quién eres.

Fruncí el ceño.

— Eso suena demasiado amplio.

— Porque buscas un propósito externo. El propósito no es algo que debas encontrar. Es algo que eliges expresar.

— ¿Entonces no hay una misión específica?

— No hay una única misión universal. Hay una intención esencial: conocerte a través de la experiencia.

Me quedé en silencio.

— ¿Conocerme cómo?

— Descubriendo quién decides ser frente a cada circunstancia.

— ¿Eso es todo?

— Eso lo es todo.

Sentí una leve frustración.

— Pensé que el propósito era lograr algo grande. Dejar huella. Alcanzar éxito.

— Eso puede formar parte de tu experiencia. Pero no es el propósito. Es el escenario.

— Entonces el éxito no es el fin.

— El éxito externo es una consecuencia posible. El propósito es la expansión de tu conciencia.

La palabra expansión resonó fuerte.

— ¿Expandir qué exactamente?

— Tu comprensión de quién eres realmente.

— ¿Y quién soy realmente?

— Una expresión consciente del amor, eligiendo experimentar la vida.

Me quedé quieto.

— Si eso es cierto, entonces ¿por qué la mayoría vive sin saberlo?

— Porque se identifican con la supervivencia en lugar de con la conciencia.

— ¿Supervivencia?

— Vivir solo para proteger el cuerpo, la identidad, el estatus. Eso no es vivir plenamente. Es reaccionar.

Respiré profundo.

— Entonces el propósito no es acumular cosas.

— Las cosas son herramientas. No son identidad.

— ¿Y el sufrimiento? ¿También tiene propósito?

— El sufrimiento no es el propósito. Es el resultado de olvidar quién eres.

Esa frase cambió algo.

— ¿Entonces el dolor es una señal?

— Es un recordatorio de que te has desconectado de tu verdadera naturaleza.

— ¿Y cuál es esa naturaleza?

— Amor. Creatividad. Conciencia.

Volví a escribir más rápido.

— Entonces cada experiencia me ayuda a recordar.

— Exactamente.

— ¿Incluso las experiencias negativas?

— Especialmente esas.

Sentí resistencia.

— ¿Cómo puede el fracaso ayudarme?

— Te muestra dónde te identificas con resultados en lugar de con esencia.

— ¿Y la pérdida?

— Te recuerda que nada externo es permanente.

— ¿Y el miedo?

— Te señala dónde aún no confías.

Me quedé mirando la página.

— Entonces la vida no es una prueba que debo superar.

— Es una experiencia que eliges vivir.

— ¿Y qué pasa si siento que no tengo propósito?

— Entonces estás esperando que el propósito venga de afuera.

Silencio.

— ¿Cómo lo encuentro dentro?

— Pregúntate: ¿Qué cualidad quiero experimentar y expresar más?

— ¿Cualidad?

— Amor. Valentía. Compasión. Creatividad. Integridad. Paz.

La respuesta fue clara.

— Entonces el propósito no es “hacer”, sino “ser”.

— Exactamente.

Esa frase cayó con peso.

Toda mi vida había estado enfocada en hacer: trabajar, lograr, demostrar, avanzar.

Pero casi nunca me pregunté quién estaba siendo mientras lo hacía.

— Entonces puedo tener el mismo trabajo y vivirlo desde un propósito distinto.

— Sí.

— Puedo tener la misma vida, pero experimentarla diferente.

— Exactamente.

Sentí una calma profunda.

— Entonces no vine a encontrar un destino predeterminado.

— Viniste a elegir tu identidad una y otra vez.

— ¿Y cuándo termina eso?

— Nunca. La expansión es infinita.

Miré hacia adentro por un momento.

Si eso era cierto, la presión desaparecía.

No tenía que descubrir “mi misión perfecta”.
Tenía que elegir conscientemente quién quería ser hoy.

— Entonces dime algo final —escribí—. ¿Qué ocurre cuando alguien vive alineado con su propósito?

La respuesta fue simple.

— Siente paz, incluso en medio del movimiento.

No euforia constante. No éxito permanente.

Paz.

Cerré el cuaderno lentamente.

Por primera vez entendí que el propósito no estaba escondido en el futuro.

Estaba en cada decisión presente.

No se trataba de encontrar el camino correcto.

Se trataba de caminar conscientemente.

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