El dinero, el poder y la abundancia

Capítulo 5 • 27 Feb 2026 1 vistas 4 min

Volví al cuaderno con una pregunta que siempre había evitado hacer directamente.

— Hablemos de algo concreto. ¿Qué pasa con el dinero?

La respuesta llegó tranquila.

— El dinero es energía.

Suspiré.

— Eso suena a frase espiritual típica.

— No es espiritual. Es funcional. El dinero representa intercambio. Confianza. Flujo.

— Entonces, ¿por qué genera tanto miedo?

— Porque muchas personas lo han convertido en identidad.

Me detuve.

— ¿Identidad?

— Creen que su valor depende de cuánto poseen.

Sentí incomodidad.

— Pero el dinero sí influye en la seguridad.

— Influye en las condiciones externas. No en tu valor interno.

Esa distinción era clara.

— Entonces, ¿el dinero es bueno o malo?

— El dinero amplifica lo que ya eres.

— Explícate.

— Si actúas desde el miedo, el dinero amplificará tu miedo. Si actúas desde el amor, amplificará tu capacidad de crear y compartir.

Eso cambió la perspectiva.

— Entonces el problema no es el dinero.

— Es la relación que tienes con él.

— ¿Y cómo sé cuál es mi relación?

— Observa tus emociones cuando piensas en él.

Pensé un momento.

Preocupación.
Competencia.
Comparación.

— Eso significa que hay miedo.

— Exactamente.

— ¿Y cómo se transforma eso?

— Cambiando la creencia central.

— ¿Cuál es esa creencia?

— Que el dinero es la fuente de tu seguridad.

Silencio.

— ¿No lo es?

— La verdadera seguridad proviene de tu capacidad de crear, no de lo que acumulas.

La frase fue poderosa.

— Entonces la abundancia no es cantidad.

— Es conciencia.

— ¿Qué significa eso?

— Una persona puede tener poco dinero y vivir desde la abundancia si confía en su capacidad y en el flujo de la vida. Otra puede tener mucho y vivir desde la escasez si siempre teme perderlo.

Sentí algo claro.

— Entonces la escasez es un estado mental.

— Exactamente.

— ¿Y cómo se sale de él?

— Reconociendo que la vida no funciona desde la carencia sino desde el flujo.

— ¿Flujo?

— Dar y recibir. Crear y compartir. Expandir.

— Pero el mundo funciona con competencia.

— El mundo que ves refleja la conciencia colectiva. Puedes participar en él desde el miedo o desde la creatividad.

— ¿La creatividad genera abundancia?

— Siempre.

— ¿Cómo?

— Porque cuando creas valor auténtico, el intercambio ocurre naturalmente.

Me quedé pensando.

— Entonces el dinero no es el objetivo.

— Es una consecuencia.

— ¿Consecuencia de qué?

— De la energía desde la que actúas.

Respiré hondo.

— Entonces si busco dinero desde el miedo…

— Lo perseguirás sin sentir plenitud.

— ¿Y si actúo desde propósito?

— El dinero se convierte en herramienta, no en meta.

La conversación empezó a sentirse más práctica.

— Entonces dime algo claro: ¿es correcto querer prosperar?

— La expansión es natural. La prosperidad es expresión de creación consciente.

— ¿Y si alguien quiere riqueza?

— La pregunta no es cuánto quieres tener. La pregunta es quién eres mientras lo tienes.

Esa frase fue directa.

— Entonces el problema no es la ambición.

— Es la intención detrás de ella.

— ¿Y cómo sé si mi intención es sana?

— Pregúntate: ¿Estoy creando desde el miedo a no ser suficiente o desde el deseo de expresar mi potencial?

Silencio largo.

— Entonces la abundancia verdadera no es externa.

— Es un estado interno que luego se refleja afuera.

Miré el cuaderno.

Si eso era cierto, mi enfoque había estado equivocado.

Había intentado asegurar el exterior antes de fortalecer el interior.

— Entonces dime algo final —escribí—. ¿Qué bloquea más la abundancia?

La respuesta fue inmediata.

— La creencia de que no la mereces.

Esa frase quedó vibrando.

— ¿Y cómo se cambia eso?

— Recordando quién eres.

— ¿Quién soy?

— No alguien que mendiga valor. Eres alguien que crea valor.

Cerré el cuaderno lentamente.

Por primera vez entendí que la abundancia no era una carrera contra otros.

Era una expresión natural cuando dejas de actuar desde la escasez.

El dinero no era el enemigo.

El miedo lo era.

Y el miedo solo era una idea no examinada.

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