El sufrimiento y el perdón

Capítulo 7 • 27 Feb 2026 1 vistas 4 min

Esa noche no escribí con curiosidad.

Escribí con peso.

— Si todo es elección… entonces explícame el sufrimiento.

Hubo un silencio más largo que de costumbre.

— El sufrimiento no es castigo.

— Entonces ¿qué es?

— Es resistencia prolongada a lo que ya ocurrió.

Fruncí el ceño.

— Hay dolor real en el mundo.

— Sí. El dolor físico y emocional existen. El sufrimiento psicológico es lo que agregas después.

— ¿Después?

— Después del evento. Después del golpe. Después de la pérdida.

— ¿Estás diciendo que el sufrimiento es opcional?

— El evento puede no serlo. Tu relación con él, sí.

Me quedé quieto.

— ¿Cómo puede alguien elegir no sufrir si ha perdido algo importante?

— No eliges que duela. Eliges cuánto tiempo sostienes la historia.

Esa frase fue incómoda.

— Entonces el sufrimiento es una narrativa.

— Es una narrativa repetida que mantiene viva la herida.

— ¿Y qué pasa con la injusticia?

— La injusticia existe en la experiencia humana. Pero el resentimiento prolongado encadena al que lo sostiene.

— ¿Entonces el perdón es olvidar?

— No. El perdón es liberarte del deseo de que el pasado sea diferente.

Eso fue fuerte.

— ¿Liberarme? ¿Aunque el otro no cambie?

— Especialmente aunque el otro no cambie.

Sentí resistencia.

— Pero si perdono, parece que estoy diciendo que estuvo bien.

— Perdonar no justifica. Te libera.

— ¿De qué?

— De seguir atado al momento que ya pasó.

Silencio largo.

— Entonces el sufrimiento es apego al pasado.

— Es identificación con una experiencia.

— ¿Y cómo se rompe eso?

— Volviendo al presente.

— Siempre vuelves al presente…

— Porque solo ahí tienes poder.

Respiré profundo.

— ¿Y si el dolor vuelve una y otra vez?

— Entonces aún hay algo que observar sin juicio.

— ¿Observar qué?

— La creencia que sostiene el dolor.

— ¿Qué tipo de creencia?

— “No soy suficiente.”
“Me abandonaron.”
“No merezco amor.”
“Siempre me pasa lo mismo.”

Sentí que esas frases no eran extrañas.

— Entonces el sufrimiento revela creencias ocultas.

— Exactamente.

— ¿Y qué ocurre cuando las veo?

— Pierden fuerza.

— ¿Y el perdón… es un proceso mental?

— Es una decisión energética.

— Explícalo.

— Decides dejar de usar el pasado como identidad.

Eso cambió algo dentro.

— Entonces, cuando digo “soy alguien a quien traicionaron”…

— Estás definiéndote por una experiencia.

— ¿Y si digo “soy alguien que aprendió”?

— Te estás expandiendo.

Silencio.

— Entonces el perdón no es para el otro.

— Nunca lo fue.

— Es para mí.

— Siempre lo fue.

Me quedé escribiendo más lento.

— ¿Y qué pasa con el dolor profundo, como la muerte?

La respuesta fue suave.

— El dolor honra el amor que sentiste. El sufrimiento prolongado surge cuando te resistes al cambio.

— ¿Entonces la muerte no es castigo?

— Es transición.

Sentí un nudo en la garganta.

— Pero duele.

— Porque amas. Y eso es humano.

— Entonces el dolor no es enemigo.

— Es maestro.

— ¿Y cuándo deja de doler?

— Cuando aceptas que la experiencia fue real y ya terminó.

Respiré.

— Entonces el sufrimiento es intentar revivir lo que ya pasó.

— Exactamente.

— ¿Y qué pasa si no quiero soltar?

— Entonces eliges seguir atado.

Silencio.

— Entonces dime algo final —escribí—. ¿Cuál es la clave para sanar?

La respuesta fue simple.

— Deja de preguntarte por qué ocurrió y comienza a preguntarte quién eliges ser ahora.

Cerré el cuaderno lentamente.

Entendí algo importante.

El sufrimiento no era prueba de debilidad.

Era señal de resistencia.

Y el perdón no era un acto hacia el otro.

Era un acto de libertad hacia mí mismo.

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