El sufrimiento y el perdón
Esa noche no escribí con curiosidad.
Escribí con peso.
— Si todo es elección… entonces explícame el sufrimiento.
Hubo un silencio más largo que de costumbre.
— El sufrimiento no es castigo.
— Entonces ¿qué es?
— Es resistencia prolongada a lo que ya ocurrió.
Fruncí el ceño.
— Hay dolor real en el mundo.
— Sí. El dolor físico y emocional existen. El sufrimiento psicológico es lo que agregas después.
— ¿Después?
— Después del evento. Después del golpe. Después de la pérdida.
— ¿Estás diciendo que el sufrimiento es opcional?
— El evento puede no serlo. Tu relación con él, sí.
Me quedé quieto.
— ¿Cómo puede alguien elegir no sufrir si ha perdido algo importante?
— No eliges que duela. Eliges cuánto tiempo sostienes la historia.
Esa frase fue incómoda.
— Entonces el sufrimiento es una narrativa.
— Es una narrativa repetida que mantiene viva la herida.
— ¿Y qué pasa con la injusticia?
— La injusticia existe en la experiencia humana. Pero el resentimiento prolongado encadena al que lo sostiene.
— ¿Entonces el perdón es olvidar?
— No. El perdón es liberarte del deseo de que el pasado sea diferente.
Eso fue fuerte.
— ¿Liberarme? ¿Aunque el otro no cambie?
— Especialmente aunque el otro no cambie.
Sentí resistencia.
— Pero si perdono, parece que estoy diciendo que estuvo bien.
— Perdonar no justifica. Te libera.
— ¿De qué?
— De seguir atado al momento que ya pasó.
Silencio largo.
— Entonces el sufrimiento es apego al pasado.
— Es identificación con una experiencia.
— ¿Y cómo se rompe eso?
— Volviendo al presente.
— Siempre vuelves al presente…
— Porque solo ahí tienes poder.
Respiré profundo.
— ¿Y si el dolor vuelve una y otra vez?
— Entonces aún hay algo que observar sin juicio.
— ¿Observar qué?
— La creencia que sostiene el dolor.
— ¿Qué tipo de creencia?
— “No soy suficiente.”
“Me abandonaron.”
“No merezco amor.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
Sentí que esas frases no eran extrañas.
— Entonces el sufrimiento revela creencias ocultas.
— Exactamente.
— ¿Y qué ocurre cuando las veo?
— Pierden fuerza.
— ¿Y el perdón… es un proceso mental?
— Es una decisión energética.
— Explícalo.
— Decides dejar de usar el pasado como identidad.
Eso cambió algo dentro.
— Entonces, cuando digo “soy alguien a quien traicionaron”…
— Estás definiéndote por una experiencia.
— ¿Y si digo “soy alguien que aprendió”?
— Te estás expandiendo.
Silencio.
— Entonces el perdón no es para el otro.
— Nunca lo fue.
— Es para mí.
— Siempre lo fue.
Me quedé escribiendo más lento.
— ¿Y qué pasa con el dolor profundo, como la muerte?
La respuesta fue suave.
— El dolor honra el amor que sentiste. El sufrimiento prolongado surge cuando te resistes al cambio.
— ¿Entonces la muerte no es castigo?
— Es transición.
Sentí un nudo en la garganta.
— Pero duele.
— Porque amas. Y eso es humano.
— Entonces el dolor no es enemigo.
— Es maestro.
— ¿Y cuándo deja de doler?
— Cuando aceptas que la experiencia fue real y ya terminó.
Respiré.
— Entonces el sufrimiento es intentar revivir lo que ya pasó.
— Exactamente.
— ¿Y qué pasa si no quiero soltar?
— Entonces eliges seguir atado.
Silencio.
— Entonces dime algo final —escribí—. ¿Cuál es la clave para sanar?
La respuesta fue simple.
— Deja de preguntarte por qué ocurrió y comienza a preguntarte quién eliges ser ahora.
Cerré el cuaderno lentamente.
Entendí algo importante.
El sufrimiento no era prueba de debilidad.
Era señal de resistencia.
Y el perdón no era un acto hacia el otro.
Era un acto de libertad hacia mí mismo.