La fatiga que deforma el tiempo

Capítulo 10 • 10 Feb 2026 4 vistas 3 min

La fatiga no solo cansa el cuerpo. Deforma la experiencia del tiempo.

Cuando estamos fatigados, las horas se vuelven pesadas, las tareas parecen interminables y el futuro inmediato se siente abrumador. El tiempo no avanza con fluidez: se arrastra, se espesa, se vuelve difícil de atravesar.

No es una percepción errónea. Es una señal corporal.

Fatiga no es solo falta de energía

Solemos pensar la fatiga como un déficit: dormir poco, trabajar mucho, esforzarse demasiado. Pero la fatiga profunda es, sobre todo, descoordinación.

Es el momento en que los sistemas del cuerpo dejan de sincronizarse con facilidad. El ritmo interno se fragmenta. El organismo pierde fluidez.

Y cuando el cuerpo pierde coherencia, el tiempo también.

Pensar desde un cuerpo agotado

El cerebro fatigado no deja de funcionar, pero funciona distinto. Reduce márgenes. Prioriza lo inmediato. Pierde perspectiva.

Decisiones simples se vuelven pesadas. El futuro se siente más cercano y más amenazante. El pasado pesa más de lo habitual.

No es que los problemas hayan crecido.
Es que el cuerpo ya no puede sostener la misma carga temporal.

El tiempo se vuelve opaco

En estados de fatiga, el presente pierde nitidez. La atención fluctúa. El ahora se fragmenta en momentos inconexos.

El tiempo deja de sentirse como una continuidad y se transforma en una serie de obstáculos que hay que atravesar uno por uno.

Por eso decimos “no se pasa más” o “no termina nunca”. No hablamos del reloj. Hablamos del cuerpo.

La ilusión de empujar

Ante la fatiga, la reacción cultural más común es empujar: café, fuerza de voluntad, exigencia, presión interna. Pero empujar desde la fatiga suele empeorar la distorsión temporal.

El cuerpo interpreta ese empuje como amenaza. Aumenta la activación. El tiempo se vuelve aún más tenso.

No es pereza. Es fisiología.

Descanso no es detenerse

Descansar no significa apagar la mente ni huir del tiempo. Significa permitir que el cuerpo recupere ritmo.

Un descanso real no elimina el tiempo. Lo reorganiza.

Cuando la coordinación vuelve, el tiempo recupera fluidez. Las horas dejan de ser enemigas. El presente vuelve a tener forma.

Escuchar antes de medir

Vivimos obsesionados con medir el tiempo: minutos, plazos, productividad. Pero pocas veces escuchamos desde qué cuerpo estamos midiendo.

Un mismo periodo puede sentirse breve o interminable según el estado corporal desde el que se atraviesa.

La fatiga no roba tiempo.
Distorsiona la forma de habitarlo.

Antes de dormir

En el próximo capítulo entraremos en el espacio donde el tiempo parece desaparecer por completo: el sueño. Veremos por qué dormir no es una pausa pasiva, sino un proceso activo que reorganiza el cuerpo, la mente y la experiencia temporal.

Porque cuando dormimos,
el reloj externo sigue avanzando,
pero el cuerpo entra en otra lógica.

Y en esa lógica,
el tiempo se rehace.

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