El presente como construcción
El presente suele imaginarse como un punto exacto: un instante infinitamente pequeño que separa el pasado del futuro. Algo que “está ocurriendo ahora”.
Pero esa imagen no resiste un análisis cuidadoso.
El presente no es un punto.
Es una construcción.
Un ahora sin duración no existe
Si el presente fuera un instante sin espesor, no podríamos percibir nada. Ver, oír, sentir, pensar requieren tiempo. Incluso la experiencia más simple necesita integración.
El cerebro no registra momentos aislados. Registra intervalos breves que agrupa como si fueran un “ahora” continuo.
Ese intervalo —variable, flexible— es lo que llamamos presente.
El presente tiene memoria inmediata
Para que algo sea vivido como presente, el cerebro debe retener información de lo que acaba de ocurrir. Una nota musical solo existe como melodía porque recordamos la nota anterior mientras suena la siguiente.
Ese pequeño recuerdo activo no es pasado en el sentido habitual. Es una memoria inmediata que sostiene el presente.
Sin ella, la experiencia se fragmentaría en sensaciones inconexas.
El cuerpo ancla el ahora
El presente no se construye solo en el cerebro. Se apoya en señales corporales constantes: respiración, latido, postura, movimiento, equilibrio.
El cuerpo proporciona continuidad. Marca ritmos. Ofrece estabilidad.
Cuando esas señales se alteran —en estados de estrés, fatiga o ansiedad— el presente se vuelve inestable. La mente se desplaza con facilidad hacia recuerdos o simulaciones futuras.
El presente se debilita cuando el cuerpo pierde coherencia.
Un presente que cambia
No todos los presentes son iguales. A veces el ahora se siente amplio, espeso, casi detenido. Otras veces es estrecho y escurridizo.
Esto no depende del tiempo “externo”, sino del estado interno del organismo. Un cuerpo regulado permite un presente más amplio. Un cuerpo acelerado lo comprime.
El presente es elástico.
Vivir fuera del presente
Aunque siempre estamos en el presente físico, muchas veces no estamos presentes en la experiencia. Vivimos atrapados en recuerdos o anticipaciones que ocupan el espacio mental del ahora.
No porque el presente haya desaparecido, sino porque no está siendo construido con fuerza suficiente.
El presente no se impone. Se sostiene.
Conciencia y ahora
La conciencia no es una linterna que ilumina el presente ya dado. Es parte del proceso que lo construye.
Ser consciente no es “estar en el ahora” como consigna abstracta. Es integrar de forma coherente percepción, cuerpo, memoria inmediata y atención.
El ahora aparece cuando esos elementos se alinean.
Un punto de equilibrio
El presente no es un refugio ideal ni un estado permanente. Es un equilibrio dinámico entre recordar y anticipar.
Demasiado pasado lo vuelve pesado.
Demasiado futuro lo vuelve ansioso.
El presente emerge cuando ninguno domina por completo.
Antes de seguir
Hasta aquí hemos visto cómo:
el pasado se reconstruye
el futuro se imagina
el presente se construye
El tiempo, lejos de ser una línea objetiva, se revela como una arquitectura mental y corporal.
En el próximo capítulo veremos cómo esta arquitectura se modifica a lo largo de la vida: por qué el tiempo parece acelerarse con la edad y qué tiene que ver el cuerpo con esa sensación.
Porque el tiempo no solo se piensa distinto.
Se siente distinto según cómo vivimos.