La conducción de la guerra
Cuando se inicia una guerra, los recursos se consumen rápidamente.
Las armas se desgastan, la moral se debilita y el costo aumenta con cada día que pasa.
Un conflicto prolongado nunca beneficia a nadie.
Cuanto más dura la guerra, más pobre se vuelve el Estado y más cansado su pueblo.
Por ello, el objetivo no es luchar durante mucho tiempo, sino resolver el conflicto con rapidez y decisión.
La victoria debe ser clara, eficiente y sin desgaste innecesario.
Un líder sabio busca alimentarse del enemigo, utilizar sus recursos y reducir los propios gastos.
De este modo, fortalece a su ejército mientras debilita al adversario.
No existe ejemplo alguno de una nación que haya prosperado mediante guerras largas.
El éxito reside en golpear con precisión, no en extender el combate.
Un general que comprende el verdadero costo de la guerra sabe cuándo avanzar y cuándo detenerse.
Sabe que una victoria rápida preserva la fuerza, la economía y el espíritu.
⭐ Frase destacada
“No hay guerra prolongada que beneficie a un país.”