Una reinterpretación audaz del mito fundacional de la humanidad. ¿Y si Adán y Eva no fueron los primeros humanos, sino los últimos? En un mundo donde la especie humana ya estaba condenada por la corrupción genética y moral, un grupo de científicos —o dioses, según quien cuente la historia— decidió fabricar dos seres puros, aislados del mundo, para observar si la inocencia podía sobrevivir. El fruto prohibido nunca fue una manzana: fue el despertar sexual, la puerta hacia la conciencia plena y la pérdida irreversible de la pureza. Este libro corto explora la posibilidad de que el Edén fuera un laboratorio, la serpiente un catalizador diseñado, y la caída... el resultado esperado de un experimento que siempre estuvo destinado a fracasar.