No eres tu mente

Capítulo 1 • 27 Feb 2026 2 vistas 3 min

Durante la mayor parte de nuestra vida vivimos atrapados en un diálogo interno constante. Una voz que comenta, juzga, recuerda, anticipa, critica y compara. Esa voz parece ser “nosotros”. Pero ¿lo es realmente?

El primer paso hacia la transformación comienza cuando comprendemos algo esencial: no somos nuestra mente.

Observa por un momento tus pensamientos. No intentes controlarlos. Solo míralos. Notarás que aparecen de forma automática: recuerdos del pasado, preocupaciones sobre el futuro, conversaciones imaginarias, críticas hacia ti mismo o hacia otros. Si puedes observar esos pensamientos, entonces existe algo en ti que está observando. Y ese observador no es el pensamiento.

Ahí comienza el despertar.

La mente es una herramienta extraordinaria. Nos permite analizar, planificar, aprender y crear. El problema surge cuando dejamos que tome el control total de nuestra identidad. Cuando creemos que somos esa voz que nunca se detiene.

La identificación con la mente genera sufrimiento porque la mente vive casi exclusivamente en dos dimensiones: pasado y futuro. Revive lo que ya ocurrió o proyecta lo que podría ocurrir. Rara vez permanece en el presente.

Y el presente es lo único que realmente existe.

El pasado es memoria.
El futuro es imaginación.
Solo el ahora es real.

Sin embargo, hemos construido nuestra identidad a partir de historias mentales: lo que nos hicieron, lo que logramos, lo que tememos perder, lo que deseamos conseguir. Esa narrativa crea lo que Tolle llama el “ego”: una identidad construida a base de pensamiento.

El ego necesita conflicto para sobrevivir. Necesita comparación, juicio, drama. Se fortalece cuando defendemos una opinión, cuando nos sentimos ofendidos, cuando buscamos tener razón. Vive de la separación.

Pero existe otra dimensión de conciencia en nosotros. Un espacio silencioso detrás del pensamiento. Un estado de presencia en el que simplemente somos.

Cuando llevas tu atención al momento presente —a la respiración, al sonido del entorno, a la sensación de tu cuerpo— ocurre algo curioso: el flujo mental pierde intensidad. Se abre un espacio.

Ese espacio es paz.

No se trata de eliminar los pensamientos, sino de dejar de estar completamente identificado con ellos. Puedes usar la mente sin convertirte en esclavo de ella.

La práctica comienza con algo simple: observar.

Cada vez que notes que estás perdido en una corriente de pensamientos —especialmente pensamientos repetitivos o negativos— pregúntate:

¿Quién está observando este pensamiento?

Esa pregunta crea una separación inmediata entre tú y la actividad mental. Y en esa separación nace la libertad.

La mayoría del sufrimiento humano no proviene de la situación presente, sino de la interpretación mental que hacemos de ella. La mente exagera, dramatiza, anticipa amenazas y revive heridas. Pero cuando permaneces en el ahora, muchas de esas cargas desaparecen.

El momento presente casi nunca es tan pesado como la historia que contamos sobre él.

Este capítulo no busca que creas algo nuevo. Busca que experimentes algo directamente: la diferencia entre pensamiento y conciencia.

Puedes comenzar ahora mismo.

Haz una pausa.
Respira profundamente.
Siente el aire entrar y salir.
Escucha los sonidos alrededor.

Durante esos segundos, ¿faltaba algo?

Eso es el ahora.

Y ese ahora es la puerta.

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