Los errores que destruyen a los príncipes
Maquiavelo enumera aquí las causas más comunes de la caída del poder.
No es la mala suerte.
No es el destino.
Es la ceguera.
Los gobernantes caen cuando escuchan solo aduladores, cuando castigan tarde, cuando premian sin criterio o cuando confunden popularidad con estabilidad. El error más grave no es equivocarse, sino no corregirse.
Maquiavelo señala que el orgullo precede a la caída. El príncipe que se cree intocable deja de ver las señales: el murmullo del pueblo, la incomodidad de los aliados, la ambición de los subordinados.
Este capítulo funciona como advertencia final:
quien gobierna sin autocrítica gobierna contra sí mismo.