El mensaje final: gobernar sin ilusiones
Maquiavelo cierra su obra sin disculpas.
No promete justicia perfecta.
No promete gobiernos amables.
Promete realidad.
El príncipe que quiera durar debe abandonar las ilusiones morales y aceptar la naturaleza humana tal como es. Debe aprender cuándo ser duro, cuándo flexible, cuándo temido y cuándo cercano. Debe gobernar con los ojos abiertos.
Este último capítulo no invita al cinismo. Invita a la lucidez.
Porque el mayor error no es usar el poder,
es no entenderlo.
Y quien gobierna sin comprender cómo funciona el mundo real,
no fracasa por ser malo,
fracasa por ser ingenuo.