La fortuna favorece a quien actúa

Capítulo 3 • 21 Ene 2026 10 vistas 2 min

Maquiavelo introduce aquí una de sus ideas más famosas: la fortuna. No como suerte ciega, sino como una fuerza cambiante que puede elevar o destruir a un gobernante. La fortuna ofrece oportunidades, pero no espera.

El príncipe que triunfa no es el que aguarda el momento perfecto, sino el que sabe actuar cuando la ocasión aparece, aunque no tenga todas las garantías. Dudar demasiado es, en política, una forma lenta de perder.

Maquiavelo observa que muchos líderes caen no por falta de virtud, sino por rigidez. Se aferran a una sola forma de actuar incluso cuando el contexto cambia. Y cuando la fortuna gira, ellos no saben girar con ella.

Aquí aparece una enseñanza central:
la estabilidad exige adaptación.

El gobernante eficaz combina audacia y cálculo. Sabe cuándo ser prudente y cuándo arriesgar. Porque la fortuna favorece a los decididos, pero castiga a los temerosos.

Maquiavelo no glorifica la imprudencia. Advierte que la fortuna es como un río violento: cuando se desborda, arrasa con todo. Pero quien ha construido diques antes, quien se preparó en tiempos de calma, puede resistirla.

Este capítulo deja claro que el poder no se mantiene solo con virtudes morales, sino con previsión y acción oportuna. El príncipe que espera condiciones ideales nunca gobernará. El que actúa, incluso con riesgo, tiene posibilidades reales.

En política, la fortuna no premia a los justos.
Premia a los que están listos cuando llega el momento.

Y quien no entiende esto, termina siendo gobernado por otros.

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