El hotel toma control
La influencia del Overlook sobre Jack se vuelve abierta y dominante. El hotel ya no se limita a sugerir pensamientos: ahora dirige sus acciones. Jack comienza a pasar más tiempo vagando por los pasillos, escuchando voces que lo reconocen como parte del lugar y le recuerdan cuál es su verdadero deber. Las figuras del pasado del hotel se presentan como presencias familiares, ofreciéndole alcohol, compañía y una sensación de autoridad que había perdido.
El bar, que debería estar vacío, cobra vida para Jack. Allí encuentra una ilusión de normalidad que alimenta su caída, reforzando la idea de que el hotel lo entiende mejor que su propia familia. Cada encuentro profundiza su desconexión con la realidad y fortalece el vínculo con el Overlook, que lo manipula con paciencia y precisión.
Mientras tanto, Danny utiliza su don para pedir ayuda, comunicándose con Dick Hallorann y alertándolo del peligro que se cierne sobre ellos. El hotel percibe ese intento de escape y reacciona, intensificando su control sobre Jack y cerrando aún más el cerco alrededor de la familia.
Jack ya no lucha contra la influencia del Overlook. La acepta. Convencido de que tiene una misión que cumplir, comienza a ver a Wendy y a Danny como amenazas al orden del hotel. El lugar ha logrado lo que buscaba: convertir al cuidador en una extensión de su propia voluntad, dispuesto a hacer cualquier cosa para preservar su poder.