La huida y las secuelas
Wendy y Danny logran alejarse del hotel Overlook mientras el horror llega a su fin. El escape no significa alivio inmediato, sino la confirmación de que han sobrevivido a algo que los marcará para siempre. El aislamiento termina, pero las cicatrices del invierno permanecen.
Danny carga con el peso de su don y con los recuerdos de todo lo que vio y sintió dentro del hotel. Aunque el peligro inmediato ha pasado, las imágenes del Overlook siguen presentes en su mente, como ecos de un lugar que intentó consumirlo. Wendy, agotada y traumatizada, se aferra a su hijo como única certeza después de haber enfrentado el miedo más profundo: perder a su familia.
La destrucción del Overlook pone fin a un ciclo de violencia que se repitió durante generaciones. Sin embargo, el daño emocional no desaparece con el derrumbe del edificio. Madre e hijo deben aprender a reconstruir sus vidas lejos de ese lugar, sabiendo que sobrevivieron gracias a su fortaleza y a la capacidad de Danny para resistir aquello que intentó dominarlo.
El invierno queda atrás, pero la experiencia vivida en el Overlook se convierte en una sombra permanente, un recuerdo de hasta dónde puede llegar la oscuridad cuando encuentra un espacio para crecer.