Danny y el don
Danny Torrance es demasiado pequeño para entender por completo lo que le ocurre, pero sabe que no es como los demás niños. Desde antes de llegar al Overlook, escucha voces que no vienen de ningún lugar visible y ve imágenes que aparecen en su mente sin previo aviso. Ese don, al que más tarde sabrá llamar “el resplandor”, le permite percibir pensamientos ajenos y fragmentos del pasado que otros no pueden ver.
Dick Hallorann, el cocinero del hotel, reconoce de inmediato esa habilidad especial. Antes de marcharse por el invierno, se comunica con Danny de una forma silenciosa y directa, explicándole que no está solo y que otras personas también poseen ese don. Hallorann le advierte que el Overlook es un lugar peligroso para alguien como él, porque el hotel conserva recuerdos violentos que pueden manifestarse ante quienes tienen la capacidad de verlos.
Danny comienza a experimentar visiones cada vez más perturbadoras: pasillos cubiertos de sangre, risas que no existen, escenas de muerte atrapadas en el tiempo. Aunque no comprende del todo su significado, siente que esas imágenes no pertenecen al futuro, sino al pasado oscuro del hotel. El miedo se instala en él como una presencia constante.
A diferencia de Jack, que confía en el aislamiento como una oportunidad, Danny percibe el encierro como una amenaza. Sabe que el hotel quiere algo de él, aunque todavía no entiende qué. Su don, lejos de protegerlo, parece convertirlo en un objetivo, y el silencio del Overlook comienza a pesar sobre su mente incluso antes de que el invierno los encierre por completo.