La presencia invisible
El Overlook deja de ser solo un escenario silencioso y comienza a manifestarse de formas cada vez más claras. Jack empieza a notar sonidos que no deberían existir en un hotel vacío: pasos en los pasillos, murmullos apagados, puertas que parecen cerrarse solas. Al principio intenta explicarlo todo de manera racional, convencido de que el encierro está afectando su percepción.
Sin embargo, ciertos encuentros rompen esa lógica. Objetos aparecen fuera de lugar, habitaciones que deberían estar cerradas parecen haber sido usadas, y el hotel adquiere una sensación de actividad constante. Jack no siente miedo; por el contrario, experimenta una extraña familiaridad, como si esas presencias lo reconocieran y lo aceptaran.
Danny, por su parte, percibe la presencia invisible con mayor claridad. Sabe que el hotel está lleno de entidades que no pertenecen al mundo de los vivos y que estas fuerzas observan cada uno de sus movimientos. Su don le permite entender que el Overlook no quiere expulsarlos, sino retenerlos.
Wendy se siente atrapada entre un marido cada vez más distante y un hijo aterrorizado por cosas que no logra ver. El hotel comienza a dividir a la familia, alimentando el miedo de Danny y reforzando la conexión de Jack con ese mundo invisible que crece dentro del Overlook, preparando el camino para una ruptura definitiva.