Capítulo 1
PRÓLOGO
El 8 de diciembre de 1994, en algún punto de la Ciudad de México, un hombre se evaporó.
No hubo cuerpo. No hubo nota. No hubo testigos verificables. Solo un departamento que quedó vacío, libros en los estantes, experimentos a medias en el laboratorio, manuscritos que habían estado sobre el escritorio y que ya no estaban, y una esposa que tardó cinco meses en reportar la desaparición a las autoridades.
El hombre se llamaba Jacobo Grinberg-Zylberbaum. Era neurofisiólogo, psicólogo, autor de más de cincuenta y cuatro libros, fundador del Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México. Era, dependiendo de a quién le preguntaras, el científico más valiente de su generación o el más inconveniente para el establishment. Era chamán y científico al mismo tiempo, místico con doctorado, poeta con electroencefalógrafo. Era alguien que había dedicado su vida entera a demostrar que la realidad no es lo que parece.
Y luego desapareció, dejándonos exactamente eso: la sensación de que la realidad no es lo que parece.
Este libro sigue su historia desde el principio. Desde el niño de doce años que vio morir a su madre en un hospital de la Ciudad de México y decidió dedicar su vida a entender qué es la mente, hasta el momento en que esa mente extraordinaria desapareció del mapa. Veinticinco capítulos que cubren su infancia, su formación científica, su trabajo con chamanes y curanderos, los experimentos que desafiaron los fundamentos de la neurociencia, su vida privada intensa y complicada, la investigación policial que nunca se resolvió, el documental que lo rescató del olvido décadas después y todas las teorías que todavía compiten para explicar lo inexplicable.
No encontrarás aquí conclusiones fáciles. Esa sería una traición al personaje. Lo que encontrarás es todo lo que se sabe, todo lo que se sospecha y todo lo que quizás nunca sabremos sobre el doctor que estudió lo imposible y al final se convirtió en él.
Bienvenido al caso que no tiene cierre. Pero sí tiene historia.