Capítulo 10

Televisa, la visión extraocular y el escándalo en vivo

10 Abr 2026 3 vistas 3 min

En 1982, la televisión mexicana llamó a Jacobo Grinberg. Televisa, la empresa que en esa época tenía prácticamente el monopolio de la televisión en México, estaba preparando un programa en directo sobre fenómenos psíquicos y quería un científico que actuara como testigo. Alguien con credenciales académicas que pudiera estar presente y dar peso institucional al evento.
Grinberg aceptó. Probablemente porque para él era una oportunidad de llevar al espacio público las preguntas que hasta entonces habían circulado solo en el ámbito académico. Y probablemente también porque era curioso: quería ver qué pasaba cuando esos fenómenos se intentaban reproducir bajo las condiciones de un estudio de televisión, con millones de espectadores, con la presión y la artificialidad que eso implicaba.
La visión extraocular en directo
El fenómeno central del programa era la visión extraocular: la capacidad de ciertos individuos de percibir información visual sin usar los ojos. En algunos casos esto implicaba leer con los ojos vendados, en otros identificar colores o formas a través de la piel. No era un fenómeno nuevo: había sido reportado en diversas tradiciones y había sido investigado en laboratorios soviéticos durante los años sesenta y setenta con resultados que, aunque controversiales, eran difíciles de descartar completamente.
Lo que Grinberg observó aquella noche en el estudio de Televisa fue consistente con lo que había documentado en su trabajo de campo: algo estaba pasando que no tenía explicación en los marcos convencionales de la percepción sensorial. Los sujetos demostraban acceso a información que, según la anatomía conocida del sistema visual, no deberían poder tener.
La reacción del público y de la academia
El programa generó una reacción inmediata y polarizada. Para el público general fue fascinante: la posibilidad de que la mente humana tuviera capacidades desconocidas tocaba algo profundo en la cultura popular mexicana, donde la frontera entre lo espiritual y lo material siempre había sido más permeable que en la cultura occidental anglosajona.
Para la academia fue otra cosa. Ver a uno de sus miembros actuando como testigo en un programa de televisión sobre fenómenos psíquicos, sin distanciarse públicamente de lo que estaba observando, fue interpretado como una capitulación definitiva ante la irracionalidad. Los comentarios en los pasillos de la UNAM no fueron amables.
Grinberg, una vez más, no se disculpó. Describió lo que había visto con la misma precisión con que describía cualquier otro experimento. Y señaló que la negativa a observar un fenómeno no es una posición científica sino una posición dogmática.
El efecto en su carrera
El episodio de Televisa tuvo un efecto paradójico en la carrera de Grinberg. Por un lado, redujo aún más su credibilidad en los círculos académicos más conservadores. Por otro, lo convirtió en una figura pública con una plataforma más amplia que la que cualquier científico universitario normalmente tiene. Comenzaron a llegar invitaciones para conferencias no solo en México sino en América Latina, España y en algunos contextos académicos europeos más abiertos a las preguntas sobre conciencia y percepción.
Esa visibilidad pública sería fundamental años después, cuando fundara el INPEC y necesitara construir una red de colaboradores y una comunidad de práctica más allá de los muros de la universidad.
Dato: La investigación soviética sobre visión extraocular, financiada durante los años sesenta como parte de la carrera de las capacidades psíquicas durante la Guerra Fría, fue uno de los antecedentes que Grinberg citaba cuando argumentaba que estos fenómenos merecían investigación seria, independientemente de que las metodologías soviéticas fueran cuestionables.

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