Capítulo 12
La teoría sintérgica: el holograma que somos
Era la síntesis de todo. De los años con Pachita, de las expediciones con los chamanes, de los experimentos en el laboratorio, de las lecturas de física cuántica y de filosofía budista y de Cábala y de neurociencia. La Teoría Sintérgica era la respuesta de Grinberg a la pregunta que lo había perseguido desde los doce años: ¿Qué es la mente? ¿Cómo construye la realidad que experimentamos?
La publicó en 1991, en un libro llamado precisamente La teoría sintérgica. Era el resultado, según sus propias palabras, de quince años de investigación sobre el cerebro y la conciencia. Era densa, técnica en partes, filosófica en otras, y completamente herética desde el punto de vista de la neurociencia convencional.
El lattice: la estructura fundamental del espacio
El punto de partida de la teoría es lo que Grinberg llamó el 'lattice' (del inglés, celosía o malla): un campo de energía que impregna todo el espacio y que constituye el nivel más fundamental de la realidad. No es una metáfora poética ni una afirmación metafísica: Grinberg lo describía como una estructura física real, un continuo de energía que conecta todos los puntos del espacio y que contiene, en forma potencial, toda la información del universo.
Este concepto tiene raíces en la física moderna. El campo cuántico de punto cero, la energía del vacío que la mecánica cuántica predice que existe incluso en ausencia de materia, es un candidato físico serio para lo que Grinberg llamaba lattice. La no-localidad cuántica, la capacidad de partículas entrelazadas de correlacionar su comportamiento instantáneamente a través de cualquier distancia, sugiere que hay algo en la estructura del universo que conecta puntos aparentemente separados. Grinberg tomó esas ideas de la física y las llevó más lejos de lo que la física convencional estaba dispuesta a ir.
El campo neuronal: cómo el cerebro interactúa con la realidad
La segunda pieza central es el 'campo neuronal': el campo electromagnético que el cerebro humano genera como resultado de su actividad eléctrica. Esto no es especulativo: todos los cerebros generan campos electromagnéticos medibles con instrumentos adecuados. Lo que Grinberg proponía era que ese campo neuronal no es simplemente un subproducto de la actividad cerebral sino el mecanismo a través del cual el cerebro interactúa con el lattice.
La calidad de esa interacción, lo que él llamaba la 'sintergia' del campo neuronal, determina qué nivel de la realidad puede percibir y eventualmente modificar cada cerebro. Un campo neuronal de baja sinergia, caótico e incoherente, solo puede interactuar con los niveles más superficiales del lattice, produciendo la experiencia ordinaria de la realidad. Un campo neuronal de alta sinergia, coherente y organizado, puede acceder a niveles más fundamentales y eventualmente, en casos extremos como Pachita o los chamanes, producir modificaciones en lo que todos los demás experimentan como realidad.
El holograma neuronal: la realidad como construcción colectiva
La tercera pieza es el 'holograma neuronal'. Grinberg propuso que lo que llamamos 'realidad' es, en un sentido preciso, un holograma generado por la interacción colectiva de los campos neuronales de todos los cerebros con el lattice. No es una realidad objetiva e independiente de los observadores: es una construcción, un consenso neurológico, una síntesis de las contribuciones de millones de campos neuronales interactuando con el mismo campo fundamental.
Esta idea, que para la neurociencia convencional sonaba a delirio mistico, tiene precursores serios en la física teórica. David Bohm había propuesto que la realidad observable es una proyección, un 'orden explicado' que emerge de un 'orden implicado' más fundamental. Karl Pribram había propuesto que el cerebro funciona como un procesador holográfico. Grinberg sintetizó estas ideas con su propia investigación empírica para producir un modelo que era al mismo tiempo neurológico, físico y filosófico.
Las implicaciones que cambian todo
Si la Teoría Sintérgica era correcta, las implicaciones eran tan enormes que resulta comprensible la resistencia del establishment a tomarla en serio. Primero: la conciencia no es un producto secundario del cerebro, como supone la neurociencia convencional, sino una propiedad fundamental del universo que el cerebro canaliza y amplifica. Segundo: si todos los cerebros interactúan con el mismo lattice, entonces en algún nivel profundo todas las mentes están conectadas. La telepatía no sería sobrenatural sino una consecuencia lógica de la arquitectura del universo. Tercero: un cerebro con suficiente sinergia podría modificar el holograma colectivo, alterando lo que los demás experimentan como realidad física.
Era exactamente lo que Pachita hacía. Era exactamente lo que los chamanes hacían. Y era, para la neurociencia del siglo XX, una propuesta que amenazaba no solo con expandir el campo sino con redefinir sus fundamentos más básicos.
Dato: La Teoría Sintérgica fue el resultado de quince años de investigación activa. El libro que la presentó fue publicado en 1991 por el INPEC y fue reeditado múltiples veces. Una edición reciente en Amazon lo describe como 'una revolución en el pensamiento científico que propone un nuevo paradigma en la Ciencia.'