Capítulo 20

El 8 de diciembre de 1994: la última mañana

10 Abr 2026 2 vistas 4 min

Ciudad de México, diciembre de 1994. El año más turbulento de la historia política reciente de México estaba llegando a su fin. El levantamiento zapatista de enero había demostrado que la paz social era más frágil de lo que el sistema político reconocía. El asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en marzo había dejado al establishment político en un estado de shock que todavía no había procesado. Y en los últimos días de ese mismo mes de diciembre, el gobierno devaluaría el peso, precipitando la crisis económica más severa en décadas.
En ese contexto de caos nacional, la desaparición de un neurofisiólogo de la UNAM tenía pocas probabilidades de generar la atención que merecía.
Los días previos
En las semanas que precedieron al 8 de diciembre, Grinberg estaba en plena actividad. El gran experimento que preparaba, la replicación del potencial transferido entre una persona en Ciudad de México y otra en la India, estaba en etapas avanzadas de preparación. Era el proyecto más ambicioso de su carrera, el que podría finalmente producir evidencia tan contundente que fuera difícil de ignorar incluso para los críticos más hostiles.
Al mismo tiempo, según varios testimonios, estaba atravesando una crisis personal relacionada con su matrimonio con Teresa. Colaboradores del INPEC que lo vieron en esos días describieron a un hombre bajo tensión, más callado que de costumbre, con una preocupación que no verbalizaba del todo pero que era visible para quienes lo conocían bien.
Algunos de esos colaboradores recuerdan que en esas semanas Grinberg hizo comentarios que, en retrospectiva, sonaban a precaución o a miedo. No amenazas explícitas, no afirmaciones directas de estar en peligro: algo más sutil, más parecido a la preparación de alguien que no está seguro de que todo vaya a estar bien.
La mañana del 8 de diciembre
El 8 de diciembre es una fecha con resonancia en el calendario católico: la fiesta de la Inmaculada Concepción. En Ciudad de México, una ciudad profundamente marcada por el catolicismo popular, era un día de celebraciones religiosas en muchos barrios. La niebla típica del invierno defeño cubría la ciudad esa mañana.
Jacobo Grinberg salió de su departamento. Nadie sabe exactamente a qué hora, ni adónde dijo que iba, ni en qué estado de ánimo salió. El portero del edificio, que sería interrogado meses después, dijo que los vio salir, a él y a Teresa, 'desde diciembre', sin poder especificar el día exacto. Era la última vez que alguien que conocemos tendría noticia directa de Jacobo Grinberg.
Los manuscritos que desaparecieron
Cuando la familia y las autoridades finalmente accedieron al departamento y al laboratorio de Grinberg en la UNAM, encontraron algo que amplificó el misterio: faltaban cosas específicas. No fue un robo aleatorio. Lo que faltaba eran los manuscritos más recientes, los trabajos más avanzados, los relacionados directamente con el experimento de telepatía intercontinental que estaba preparando.
Grinberg escribía todo a mano. No había copias digitales de respaldo. Si sus manuscritos desaparecían, desaparecían el conocimiento y el trabajo que contenían. Las tesis completas de investigación que había producido en los últimos meses antes de la desaparición, los borradores del protocolo para el experimento con India, los análisis de los últimos resultados del potencial transferido: todo eso se fue con él o fue llevado antes de que alguien pudiera protegerlo.
El cumpleaños que no llegó
El 12 de diciembre, cuatro días después de la desaparición, Jacobo Grinberg habría cumplido cuarenta y ocho años. La familia había preparado una celebración. Nadie vino. Cuando los familiares intentaron contactarlo y descubrieron que nadie sabía nada de él, la preocupación se convirtió en alarma. Fue entonces cuando la cadena de llamadas y visitas al departamento produjo la información del portero: los señores se habían ido.
'Él escribía todo a mano. Cuando las autoridades revisaron el departamento y el laboratorio, los manuscritos más recientes, los más importantes para el experimento que estaba preparando, habían desaparecido. Alguien los llevó. Y eso no ocurre solo.' — Ida Cuéllar, en entrevista sobre el documental.

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