Capítulo 21

Clemente Padilla: el detective que leyó sus libros

10 Abr 2026 2 vistas 4 min

En mayo de 1995, cinco meses después de la desaparición, el caso fue asignado al comandante Clemente Padilla, un investigador policial con un historial de casos resueltos que era, en los círculos de la procuraduría, casi legendario. Padilla era conocido por su método: trabajar hasta que el caso se cerrara, sin importar el tiempo ni la complejidad.
El caso Grinberg rompió esa racha. No por falta de dedicación sino por algo que Padilla probablemente no anticipaba cuando aceptó la asignación: la investigación de la desaparición de Jacobo Grinberg requería entender a Jacobo Grinberg. Y entender a Jacobo Grinberg requería leer sus libros.
El detective que se volvió lector
Padilla hizo algo inusual para un investigador criminal: empezó a leer la obra de su caso. Los libros de Grinberg sobre chamanes, sobre conciencia, sobre la teoría sintérgica, sobre la meditación autoalusiva. No para creer en ellas sino para entender al hombre que las había escrito y que había desaparecido, y para comprender qué tipo de mundo habitaba ese hombre, qué tipo de enemigos podría haber tenido, qué tipo de secretos podría haber guardado.
'Clemente empezó a leer los libros de Jacobo y se metió a fondo en todos los temas que investigaba Grinberg para intentar comprender qué pudo haber pasado', relató Ida Cuéllar. 'Es un hombre muy entregado, tanto que tuvo que cambiar de chip. Empezó a ver el mundo de otra manera.'
La pista de Boulder, Colorado
La pista más concreta que Padilla encontró vino de un lugar inesperado: el testimonio de un trabajador de una gasolinera que afirmaba haber visto a Grinberg en Boulder, Colorado, en compañía de dos hombres que se identificaron como agentes estadounidenses con los nombres Rick Howard y otro que no quedó registrado con precisión.
Padilla investigó. Encontró evidencia de que Grinberg había realizado viajes a Boulder sin registro oficial: no aparecían en los sellos de su pasaporte, no había facturas de hotel ni registros de vuelo a su nombre. Como si alguien hubiera organizado esos viajes específicamente para que no dejaran rastro en los sistemas convencionales.
Boulder, Colorado, no es un lugar aleatorio. Es sede de la Universidad de Colorado, con programas activos en física cuántica y ciencias cognitivas. Es geográficamente cercano a instalaciones militares y de inteligencia. Y es una ciudad que en la cultura del mundo de la inteligencia estadounidense de los años ochenta y noventa tenía un perfil particular como nodo de ciertas redes académicas con vínculos no siempre transparentes con agencias gubernamentales.
El expediente que desapareció
Jerry Grinberg, hermano del científico, había reunido un expediente completo del caso y lo entregó a un jefe policial de la procuraduría. Al día siguiente le informaron que el expediente 'se había extraviado'. El original, la única copia, desaparecida. Nunca se recuperó.
Padilla, que guardaba su propia investigación en una mochila que llevaba consigo, se convirtió en el único custodio de los documentos de la investigación. 'Padilla guardaba todo en una mochila entera. Había descripciones de los testigos, fotos, en fin. Era el único caso que conservaba completo', relató Cuéllar.
La remoción del caso
En 1996, el caso fue cerrado oficialmente por las autoridades mexicanas. Antes del cierre, Padilla fue removido del caso. La razón oficial nunca fue claramente articulada, pero según fuentes cercanas a la investigación, había tocado temas demasiado sensibles: las conexiones con Estados Unidos, los viajes sin registro a Boulder, las implicaciones de los archivos de inteligencia que comenzaban a emerger alrededor del trabajo de Grinberg.
Después del cierre del caso, Clemente Padilla nunca volvió a ejercer en la procuración de justicia. El hombre que nunca había dejado un caso sin resolver se retiró del sistema llevando en su mochila el único caso que lo había derrotado. Y guardando, en algún lugar de su memoria o de esa mochila, todo lo que encontró y que nadie quiso escuchar.
Dato: El comandante Padilla fue localizado por Ida Cuéllar años después, durante la producción del documental. Era el único que todavía conservaba la investigación completa. Acceder a esa mochila fue uno de los logros más significativos de los nueve años de trabajo de Cuéllar en el proyecto.

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