Capítulo 24

México 1994: el país que no lo buscó

10 Abr 2026 2 vistas 3 min

Para entender por qué la desaparición de Jacobo Grinberg nunca fue investigada con la seriedad que merecía, hay que entender México en 1994. Era un país que estaba, literalmente, desbordado por sus propias crisis.
El 1 de enero de ese año, el mismo día en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomó militarmente varias ciudades del estado de Chiapas. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari, que había construido su presidencia sobre la narrativa de un México que entraba al primer mundo, se encontró de repente con una insurrección indígena armada en su propio territorio.
El 23 de marzo, el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado en Tijuana. Era el primer magnicidio en México en décadas y sacudió los cimientos del sistema político que había gobernado el país sin interrupción por más de sesenta años. La investigación fue un desastre: el asesino capturado en el acto fue procesado, pero las preguntas sobre quién ordenó el crimen nunca tuvieron respuesta satisfactoria.
La devaluación y el colapso del Estado
En diciembre de 1994, el mismo mes de la desaparición de Grinberg, el gobierno recién inaugurado de Ernesto Zedillo devaluó el peso. El 'error de diciembre', como fue llamado, desencadenó una crisis económica que destruyó los ahorros de la clase media mexicana en cuestión de semanas. El sistema bancario entró en colapso. La inversión extranjera huyó. El desempleo se disparó.
En ese contexto de crisis económica, política y social simultánea, la desaparición de un neurofisiólogo de la UNAM el 8 de diciembre tenía pocas probabilidades de convertirse en prioridad para ninguna institución del Estado. Las procuradurías estaban desbordadas. Los recursos de investigación eran limitados. Y los casos sin cuerpo, sin testigos directos y sin conexiones políticas evidentes tendían a quedarse al fondo de la lista.
La demora de cinco meses como dato político
Que la denuncia formal no se presentara hasta mayo de 1995 tiene consecuencias que van más allá de los detalles del caso particular. En México, los primeros días y semanas después de una desaparición son críticos para la investigación: las pistas se borran, los testigos olvidan o se van, la cadena de evidencia se fragmenta. Cinco meses de demora, en cualquier contexto, equivalen a una investigación gravemente comprometida antes de comenzar.
¿Fue esa demora intencional? ¿Fue genuina incapacidad de la familia para organizarse? ¿Fue producto de la táctica de Teresa Mendoza, que afirmaba que era normal que Jacobo desapareciera por períodos? Las tres posibilidades siguen abiertas. Pero el resultado, independientemente de la causa, fue el mismo: cuando la investigación comenzó, el rastro era ya casi imposible de seguir.
El cierre en 1996 y la impunidad
El cierre oficial del caso en 1996 no fue el resultado de una investigación exhaustiva que llegó a la conclusión de que no había evidencia suficiente para continuar. Fue, según las fuentes cercanas al caso, una decisión administrativa de cerrar un caso difícil que estaba generando incomodidad en ciertos círculos. Padilla fue removido antes del cierre. Los expedientes de la familia desaparecieron. Y Jacobo Grinberg quedó en la categoría de desaparecido, que en el México de los años noventa era frecuentemente sinónimo de olvidado.
Dato: México en 1994 registró uno de sus años más violentos en décadas, con el doble impacto del asesinato de Colosio y el levantamiento zapatista. Las instituciones de justicia estaban bajo una presión sin precedentes, lo que creó las condiciones para que casos difíciles como el de Grinberg cayeran en la impunidad sistémica.

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