Capítulo 3
Israel, el kibutz y la Cábala
En 1963, con dieciséis años recién cumplidos y la secundaria terminada, Jacobo Grinberg hizo algo que cambiaría para siempre la arquitectura de su pensamiento: viajó a Israel. Era una tradición en las comunidades judías mexicanas enviar a los jóvenes a conocer el Estado de Israel, fundado apenas quince años antes, a vivir el sionismo no como ideología sino como experiencia física. Jacobo fue y se quedó un año.
Vivió en un kibutz, esas comunidades agrícolas colectivas que eran el experimento social más ambicioso del joven Estado israelí. Trabajó la tierra, habló hebreo, conoció a jóvenes de todo el mundo que habían llegado al mismo lugar por razones distintas. Y en ese año conoció a Lizette Arditti, de quien se enamoró con la intensidad que lo caracterizaría toda su vida. Sería su primera esposa, y la madre de su hija Estusha.
Safed y las enseñanzas prohibidas
Pero lo que transformó a Jacobo de forma más profunda no fue el kibutz sino una ciudad: Safed, en la Galilea alta, considerada desde el siglo XVI una de las ciudades más sagradas del judaísmo. Safed es el corazón histórico de la Cábala, la tradición mística del judaísmo que intenta descifrar la naturaleza más profunda de la realidad, de Dios y del alma humana.
Allí, en esas calles empedradas que suben y bajan entre sinagogas medievales y talleres de artistas, Jacobo fue introducido a las enseñanzas cabalísticas. La Cábala describe el cosmos como una estructura de energía y conciencia organizada en diez sefirot, emanaciones de lo divino que van desde lo infinito hasta lo material. Describe la realidad ordinaria como una capa superficial de una existencia mucho más rica y compleja. Y describe al ser humano como un microcosmos que contiene en sí mismo la estructura completa del universo.
Para un joven que desde los doce años se preguntaba dónde vive la mente y qué es la conciencia, las enseñanzas cabalísticas cayeron como una piedra en un lago tranquilo. Las ondas no pararon nunca. No convirtieron a Grinberg en un místico que abandonó la ciencia. Hicieron algo más productivo y más extraño: le dieron un marco conceptual que le permitiría hacerse preguntas científicas que sus colegas ni siquiera consideraban legítimas.
El encuentro con dos tradiciones
Lo que Grinberg llevó de regreso a México fue algo que pocos científicos de su generación tenían: una formación simultánea en el rigor del método científico occidental y en la profundidad especulativa de la mística judía. Dos tradiciones que la modernidad había separado en compartimentos estancos y que en su mente comenzaban a dialogar de formas que él mismo no podía articular todavía, pero que sentía con claridad.
La Cábala enseña que la realidad visible es una construcción, un velo sobre una realidad más fundamental. La neurociencia, décadas después, llegaría a conclusiones sorprendentemente similares sobre el rol del cerebro en la construcción de la experiencia perceptual. Grinberg vivió en esa intersección antes de que existieran las palabras para describirla.
Dato: Safed sigue siendo hoy un centro de estudios cabalísticos. El cabalista Isaac Luria, conocido como el Arí, desarrolló allí en el siglo XVI la versión más influyente de la Cábala, la misma tradición a la que fue introducido el joven Grinberg cuatro siglos después.