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Capítulo 6

El regreso: laboratorios, libros y una misión

10 Abr 2026 2 vistas 3 min

Cuando Grinberg regresó a México a principios de los años setenta, traía dos cosas que pocos científicos mexicanos de su generación tenían en igual medida: un doctorado sólido que le daba credenciales en el establishment académico, y una serie de preguntas que ese mismo establishment consideraba inapropiadas para un investigador serio. La combinación era potencialmente explosiva. Lo era.
Su primer movimiento fue fundar un laboratorio de psicofisiología en la Universidad Anáhuac. Era un espacio modesto pero funcional, equipado con los instrumentos de registro electrofisiológico que había aprendido a usar en Nueva York. Allí comenzó a publicar: sus primeros trabajos eran convencionales, estudios de actividad cerebral durante diferentes estados cognitivos, análisis de respuestas electrofisiológicas a estímulos visuales y auditivos. Suficientemente sólidos para que la academia lo tomara en serio. Lo que venía después los haría querer olvidar que alguna vez lo habían hecho.
Los primeros doce libros: 1975–1980
Entre 1975 y 1980, Grinberg publicó doce libros en la editorial Trillas, la más importante de divulgación científica en México en ese período. Los títulos revelan el arco de su pensamiento en esa etapa: La experiencia interna (1975), La construcción de la realidad (1975), Las creaciones de la existencia (1976), El despertar de la conciencia (1978), El cerebro consciente (1979).
Son libros que se mueven entre la psicofisiología rigorosa y la filosofía de la mente, entre la descripción técnica de los mecanismos cerebrales y la pregunta filosófica sobre qué significa que un cerebro tenga experiencia. El cerebro consciente, que sería traducido a siete idiomas, es quizás el más accesible: un intento de explicar al lector no especializado cómo el cerebro construye la realidad que experimentamos, sin pretender que esa explicación agota el misterio.
La reputación que crece
A finales de los años setenta, Grinberg era ya un nombre conocido en los círculos académicos mexicanos. Conferenciante solicitado, autor prolífico, investigador con financiamiento de CONACYT. La Universidad Anáhuac quedó pequeña y trasladó su laboratorio a la UNAM, donde tendría más recursos y más visibilidad.
Pero en ese mismo período algo estaba pasando en su interior que no cabía en los marcos de la academia convencional. Sus lecturas se habían ampliado hacia la física cuántica, hacia la mística oriental, hacia los reportes de experiencias fuera del cuerpo y estados alterados de conciencia. Y había comenzado a escuchar rumores sobre una mujer en Ciudad de México que hacía algo completamente imposible.
La misión que se estaba formando
Retrospectivamente, los primeros libros de Grinberg son la primera mitad de un argumento que tardaría quince años más en completarse. Establecen con solidez científica que el cerebro construye activamente la realidad que percibimos, que no somos receptores pasivos de un mundo objetivo sino constructores activos de nuestra experiencia. Eso, de por sí, es una afirmación revolucionaria aunque técnicamente aceptable para la neurociencia.
Lo que Grinberg quería preguntar después era: si el cerebro construye la realidad, ¿puede construir realidades radicalmente diferentes? ¿Puede un cerebro entrenado de cierta forma modificar no solo su propia experiencia sino la experiencia de quienes lo rodean? ¿Puede, en el límite, modificar el mundo físico? Esas preguntas no tenían lugar en ningún programa de investigación convencional. Pero Grinberg las tenía y necesitaba responderlas. Así que fue a buscar a la única persona que, al parecer, las estaba respondiendo en la práctica.
Dato: El libro El cerebro consciente fue traducido a siete idiomas y sigue siendo reeditado. Es el punto de entrada más accesible a la obra de Grinberg para el lector no especializado.

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