El verdadero enemigo
En Fallout, el enemigo nunca fue solo la radiación.
Ni los mutantes.
Ni siquiera las bombas.
El verdadero enemigo fue —y sigue siendo— la naturaleza humana.
Antes de la Gran Guerra, el mundo cayó por ambición, miedo y competencia desmedida. Después de la guerra, esos mismos impulsos sobrevivieron entre las ruinas. Cambiaron los escenarios, pero no las decisiones. El apocalipsis no purificó a la humanidad; solo la desnudó.
Las facciones luchan por control.
Las corporaciones dejaron herencias envenenadas.
Los Vaults demostraron que, incluso cuando se promete salvación, siempre hay agendas ocultas.
Este capítulo une todas las piezas: el Yermo no es un accidente histórico, es una consecuencia lógica. Cada intento de dominar, experimentar o imponer una verdad absoluta empuja al mundo un poco más hacia el colapso.
Y aun así, Fallout no es una historia sin esperanza.
Entre las ruinas, todavía existen decisiones individuales. Personas que ayudan sin esperar recompensa. Comunidades que resisten sin convertirse en tiranos. Pequeños actos que no reconstruyen el mundo… pero evitan que se pierda del todo.
El mensaje final es claro y perturbador:
si la humanidad no cambia, ningún futuro será suficiente.
Porque en Fallout,
la guerra nunca cambia…
solo cambia el escenario donde se repite. ☢️