Callar la voz débil

Capítulo 8 • 20 Ene 2026 12 vistas 2 min

La voz no desaparece.
Nunca lo hace.

David aprende que la debilidad no se elimina; se gestiona. Esa voz interna sigue apareciendo en cada entrenamiento, en cada reto, en cada momento límite. La diferencia es que ahora ya no manda.

Antes, esa voz decidía por él. Ahora solo opina.

Es una voz astuta. No grita. Razona. Se disfraza de prudencia, de autocuidado, de lógica. Dice que ya hizo suficiente, que mañana será mejor, que nadie exige tanto. Y si no la reconoces, te convence.

David desarrolla una estrategia simple pero brutal: no dialogar con la debilidad.

No discute. No negocia. No busca excusas nuevas. Cuando la voz aparece, responde con acción. Un paso más. Una repetición más. Un minuto adicional.

Aquí introduce una herramienta clave: el registro de pruebas. Guarda en su mente cada momento en que hizo lo imposible. Cada vez que siguió cuando quería parar. Cada victoria silenciosa se convierte en evidencia contra la voz débil.

Cuando la mente duda, él recuerda:
ya estuve aquí antes… y no me rompí.

La confianza ya no viene de palabras motivadoras, sino de hechos acumulados. De acciones repetidas. De coherencia.

Este capítulo deja una verdad incómoda:
la voz débil nunca se va porque siempre habrá cansancio, miedo y dolor. Pero tampoco necesita irse. Solo necesita dejar de tener poder.

David no busca sentirse fuerte.
Busca actuar fuerte.

Y al hacerlo una y otra vez, la voz cambia de volumen. Sigue ahí, pero ya no controla la dirección.

Aquí se consolida algo definitivo:
no eres tus pensamientos.
Eres las decisiones que tomas cuando esos pensamientos aparecen.

Comentarios

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!