El Club de los Perdedores

Capítulo 4 • 22 Ene 2026 7 vistas 2 min

Antes de que el miedo tuviera nombre, antes de que el horror mostrara su rostro, existió un grupo de niños que no encajaban. En la escuela, en sus casas, en las calles de Derry, eran vistos como raros, débiles o simplemente invisibles. Pero juntos, eran algo distinto.

Así nació el Club de los Perdedores.

Cada uno cargaba con sus propios problemas: burlas constantes, violencia familiar, soledad, enfermedades, inseguridades profundas. La infancia, que para otros era simple, para ellos era un territorio hostil. Sin embargo, cuando se reunían, el mundo parecía menos amenazante. Las risas eran reales. La amistad, auténtica.

Durante los largos días de verano, compartían secretos, miedos y sueños. Las bicicletas se convirtieron en símbolos de libertad, y ciertos lugares de Derry pasaron a ser refugios donde podían ser ellos mismos sin miedo al juicio ajeno.

Pero algo comenzó a romper esa tranquilidad. Miradas extrañas. Ruidos imposibles de explicar. Sensaciones de ser observados incluso cuando estaban solos. Cada uno, por separado, empezó a enfrentarse a visiones que nadie más parecía notar.

El miedo no llegó de golpe. Se infiltró lentamente, como una grieta invisible.

Aun así, el grupo permaneció unido. Sin darse cuenta, esa unión se transformó en su mayor fortaleza. En un pueblo donde los adultos no veían o no querían ver, ellos comenzaron a entender una verdad aterradora: había algo en Derry que se alimentaba del miedo… y los había elegido.

La amistad los había unido por azar.
El horror los uniría por necesidad.

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