El crimen en el monasterio

Capítulo 1 • 10 Feb 2026 3 vistas 2 min

En un monasterio aislado del Sacro Imperio, la vida cotidiana de oración y trabajo se ve abruptamente alterada por un hallazgo inesperado. Al amanecer, uno de los monjes es encontrado muerto en una de las dependencias internas del recinto. El cuerpo presenta heridas profundas, cortes precisos y mutilaciones que no corresponden a un ataque común ni a un accidente. La disposición del cadáver y las marcas visibles indican que la muerte fue causada de manera deliberada y metódica.

El lugar del crimen muestra signos inquietantes. En el suelo y en las paredes aparecen símbolos trazados con sangre y otros elementos que no forman parte de ningún rito religioso aceptado. Estos signos llaman la atención de varios miembros de la comunidad, algunos de los cuales reaccionan con visible incomodidad. No se trata de simples garabatos, sino de marcas reconocibles para quienes tienen conocimientos de textos antiguos o prohibidos.

El abad del monasterio ordena de inmediato que se restrinja el acceso a la zona y que se mantenga el hecho en absoluto secreto. Se prohíbe a los monjes abandonar el recinto y se refuerza la vigilancia interna. La prioridad es evitar que la noticia llegue a las autoridades externas antes de comprender qué ha ocurrido realmente.

Durante las primeras horas posteriores al hallazgo, se hace evidente que el monje asesinado tenía acceso a áreas restringidas del monasterio, en especial a la biblioteca y a ciertos archivos sellados. Algunos hermanos recuerdan que en los días previos había mostrado un comportamiento reservado y había pasado largas horas consultando manuscritos antiguos.

El ambiente dentro del monasterio se vuelve tenso. Nadie quiere hablar abiertamente del crimen. Las conversaciones se interrumpen cuando alguien se acerca y las miradas revelan desconfianza. Aunque no se formula ninguna acusación directa, queda claro que el asesino no es un extraño que haya ingresado desde el exterior, sino alguien que conoce el lugar, sus horarios y sus normas.

El capítulo concluye con la certeza de que el asesinato no es un hecho aislado ni fortuito. Las circunstancias del crimen, los símbolos utilizados y el silencio de la comunidad indican la existencia de secretos antiguos y peligrosos que comienzan a salir a la superficie.

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