La red de encubrimiento
Con la intervención de las autoridades externas, el investigador intensifica la revisión de documentos internos y correspondencia del monasterio. Durante este proceso, salen a la luz cartas, anotaciones y acuerdos no registrados oficialmente que evidencian la existencia de una red destinada a ocultar información sensible. Esta red ha operado durante años con el objetivo de proteger determinados intereses ligados a los manuscritos prohibidos.
Las indagaciones revelan que varios cargos intermedios participaron activamente en la manipulación de registros, alterando inventarios y fechas para encubrir el acceso irregular a los textos restringidos. Algunos monjes fueron trasladados de funciones o aislados dentro del monasterio tras manifestar dudas o desacuerdos sobre estas prácticas.
El investigador establece que el encubrimiento no se limitó a la custodia de los libros, sino que también afectó la gestión de conflictos internos. Incidentes previos, discusiones y sanciones fueron deliberadamente omitidos de los registros oficiales para mantener una apariencia de orden y obediencia.
Durante los interrogatorios, varios miembros de la comunidad admiten haber actuado por obediencia o por temor a represalias. Se confirma que el silencio fue impuesto como norma y que quienes lo rompían quedaban expuestos a castigos indirectos, como la pérdida de privilegios o el aislamiento.
El capítulo concluye con la constatación de que los asesinatos se produjeron en un entorno preparado para ocultar la verdad. La red de encubrimiento permitió que las tensiones crecieran sin control y dificultó la detección temprana de los hechos que finalmente desembocaron en la violencia.