El peso de la Inquisición
La acumulación de pruebas y testimonios lleva al investigador a considerar la intervención directa de la Inquisición. La sola posibilidad de su llegada provoca inquietud entre los monjes, conscientes de las consecuencias que una investigación inquisitorial podría acarrear para toda la comunidad. El abad intenta retrasar cualquier comunicación oficial, temiendo que el monasterio quede bajo sospecha generalizada.
Las autoridades externas presionan para que se informe de inmediato a los inquisidores. Argumentan que la presencia de manuscritos prohibidos y la repetición de crímenes rituales superan las competencias locales. El investigador queda atrapado entre la urgencia de resolver el caso y la necesidad de evitar una represión indiscriminada.
Se revisan procedimientos y antecedentes relacionados con visitas previas de la Inquisición a otros monasterios. Estos registros muestran que, en situaciones similares, comunidades enteras fueron disueltas y numerosos religiosos castigados, independientemente de su implicación directa. Esta perspectiva refuerza el miedo colectivo y endurece el silencio de algunos monjes.
El investigador utiliza la amenaza de la Inquisición como herramienta para obtener nuevas confesiones. Bajo esta presión, ciertos miembros admiten haber tenido conocimiento de prácticas prohibidas, aunque insisten en no haber participado en los asesinatos. Las declaraciones amplían el alcance del caso y confirman que las irregularidades eran conocidas por más personas de las que se había reconocido.
El capítulo concluye con una decisión pendiente. La intervención inquisitorial se perfila como inevitable, y el tiempo para resolver el crimen dentro de los límites del monasterio se reduce de forma drástica.