El verdadero objetivo
Con la estructura de poder ya identificada, el investigador revisa de manera conjunta los hechos y establece una línea clara entre los asesinatos y las decisiones tomadas en torno al manuscrito. Se determina que las muertes no tuvieron como finalidad castigar una herejía concreta ni silenciar simples disidencias doctrinales, sino asegurar el control absoluto del libro y de la información asociada a él.
El análisis de los movimientos previos a cada asesinato muestra que ambas víctimas representaban obstáculos distintos dentro del mismo conflicto. El primer monje había reunido pruebas sobre irregularidades pasadas y contemplaba recurrir a instancias superiores. El segundo poseía conocimientos internos suficientes como para alterar el equilibrio de poder si decidía actuar por su cuenta.
El investigador concluye que el objetivo principal no era eliminar a personas concretas, sino enviar un mensaje claro al resto de la comunidad. Las muertes funcionaron como advertencias destinadas a reforzar el silencio y a impedir cualquier intento de cuestionar la custodia del manuscrito.
Se confirma además que el responsable actuó con planificación y conocimiento profundo de la vida monástica. Cada crimen fue ejecutado en momentos y lugares que minimizaban el riesgo de ser descubierto, aprovechando rutinas conocidas y la confianza interna.
El capítulo cierra con una conclusión operativa para la investigación: mientras el manuscrito siga siendo el centro del conflicto, cualquier intento de cerrar el caso sin resolver su destino definitivo resultará incompleto.