La herencia del libro
Con el monasterio ya reorganizado y bajo una autoridad renovada, los hechos relacionados con el manuscrito quedan definitivamente fuera de toda comunicación oficial. Los registros internos son revisados y depurados, eliminando referencias directas al libro, a los asesinatos y a las decisiones tomadas durante la investigación. La versión aceptada reduce todo a un periodo de desorden interno ya superado.
Se confirma que el manuscrito no se encuentra en el monasterio ni en ninguno de sus archivos asociados. Su traslado fue realizado sin testigos formales y sin dejar constancia escrita de su destino. Las copias parciales mencionadas en investigaciones previas no reaparecen, lo que impide reconstruir su contenido de manera completa.
La comunidad que permanece en el monasterio recibe instrucciones claras de no mencionar el pasado reciente. Los nuevos responsables imponen una disciplina estricta y evitan cualquier investigación adicional. El estudio de textos antiguos queda severamente limitado y sometido a supervisión constante.
El investigador abandona definitivamente el lugar. Sus informes finales quedan archivados bajo acceso restringido y no generan consecuencias públicas. Con su salida, se cierra también cualquier posibilidad de revisión posterior de los hechos.
El capítulo concluye estableciendo que el manuscrito, aunque desaparecido, deja una herencia duradera. No se manifiesta en objetos ni documentos, sino en las decisiones tomadas, en las pérdidas sufridas y en la transformación irreversible del monasterio, cuya historia queda marcada por un secreto que nunca será revelado de forma oficial.