La llegada del investigador
Ante la gravedad del crimen y la imposibilidad de mantenerlo oculto por más tiempo, el abad solicita la intervención de una autoridad externa. Poco después, llega al monasterio un investigador designado por instancias eclesiásticas, con la misión de esclarecer los hechos sin provocar un escándalo público. Su presencia se mantiene discreta y se presenta oficialmente como una visita de inspección.
El investigador recorre el monasterio y examina el lugar donde fue hallado el cuerpo. Observa con atención las heridas, la disposición del cadáver y los símbolos encontrados en la escena. Toma nota de cada detalle y solicita que no se altere nada que pueda ser relevante para la investigación. La ausencia de signos de entrada forzada refuerza la idea de que el asesino conocía bien el lugar.
A continuación, el investigador se reúne con el abad y otros miembros de mayor rango. Se le informa de las medidas tomadas tras el asesinato, del comportamiento reciente de la víctima y de las restricciones impuestas a la comunidad. El abad insiste en la necesidad de resolver el caso con rapidez y discreción, evitando la intervención directa de la Inquisición.
Durante las primeras entrevistas, el investigador interroga a varios monjes por separado. Las declaraciones resultan evasivas y, en algunos casos, contradictorias. Algunos religiosos reconocen la existencia de manuscritos antiguos de acceso limitado, pero evitan dar detalles sobre su contenido. Otros aseguran no tener conocimiento alguno de libros prohibidos o rituales ajenos a la doctrina oficial.
El investigador presta especial atención a la biblioteca y a los archivos sellados. Solicita acceso a los registros y detecta irregularidades en los controles internos. Se constata que ciertos textos han sido consultados recientemente sin una autorización clara. Esta información vincula de manera directa el asesinato con el manejo de documentos sensibles.
Al finalizar el capítulo, el investigador comprende que el crimen no puede resolverse solo a partir del asesinato. El caso está ligado a secretos antiguos, a tensiones internas y al control de conocimientos que el monasterio ha intentado mantener ocultos durante largo tiempo.