Primeras sospechas

Capítulo 4 • 10 Feb 2026 2 vistas 2 min

Con las primeras indagaciones en marcha, el investigador ordena un examen más riguroso de las rutinas del monasterio. Se revisan horarios, turnos de vigilancia y movimientos registrados durante la noche del asesinato. El análisis confirma que varias personas tuvieron acceso a las zonas cercanas al lugar del crimen sin levantar sospechas, lo que amplía el número de posibles responsables.

El investigador vuelve a interrogar a los monjes que estuvieron de guardia esa noche. Algunos reconocen haber abandonado sus puestos por breves lapsos, mientras otros no logran explicar con precisión sus desplazamientos. Las versiones no coinciden en detalles clave, como la hora exacta en que se apagaron las luces o quién cerró determinadas puertas internas.

La figura del monje asesinado comienza a adquirir mayor relevancia. Se recopila información sobre sus tareas, relaciones dentro de la comunidad y comportamiento reciente. Se confirma que mantenía contactos limitados con el resto de los hermanos y que pasaba largas horas en la biblioteca, especialmente en las secciones menos frecuentadas. Varios monjes admiten haberlo visto discutir con superiores por el acceso a ciertos textos.

Al mismo tiempo, surgen referencias indirectas a un grupo reducido dentro del monasterio que comparte intereses comunes por escritos antiguos y conocimientos no habituales. Nadie menciona nombres de forma explícita, pero se repiten alusiones a reuniones privadas y a lecturas realizadas fuera de los horarios permitidos.

El investigador también detecta una actitud defensiva por parte del abad y de algunos cargos intermedios. Aunque colaboran formalmente, evitan responder preguntas concretas sobre la custodia de los manuscritos y las normas internas que regulan su consulta. Esta resistencia refuerza la sospecha de que el asesinato está relacionado con decisiones tomadas por la propia jerarquía del monasterio.

El capítulo concluye con un escenario de incertidumbre creciente. Las sospechas no se centran en una sola persona, sino en un entramado de silencios, accesos privilegiados y conflictos internos que complican la identificación del responsable.

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