El manuscrito oculto
A partir de las inconsistencias detectadas en los registros de la biblioteca, el investigador centra su atención en los manuscritos de acceso restringido. Solicita un inventario completo de los textos antiguos custodiados en el monasterio y exige conocer quiénes han tenido autorización para consultarlos en los últimos meses. La revisión revela lagunas en los controles y anotaciones incompletas que dificultan reconstruir los movimientos exactos de los libros.
Durante esta inspección, sale a la luz la existencia de un manuscrito particularmente delicado, conservado fuera de los estantes habituales y protegido por normas internas no registradas por escrito. Algunos monjes reconocen su presencia de forma indirecta, pero evitan nombrarlo abiertamente. Se confirma que el texto es conocido dentro de la comunidad por un nombre informal y que su consulta ha sido motivo de discusiones previas.
El investigador logra acceder al lugar donde se guarda el manuscrito. Observa que el texto presenta signos de haber sido manipulado recientemente: el cierre ha sido forzado y algunas páginas muestran marcas y anotaciones. El contenido del libro incluye pasajes considerados peligrosos por la doctrina oficial, así como referencias a rituales y conocimientos antiguos que han sido prohibidos durante generaciones.
Se establece que el monje asesinado había consultado ese manuscrito en los días previos a su muerte. Varios testigos lo vieron salir de la biblioteca en horarios inusuales y con una actitud inquieta. Nadie, sin embargo, puede precisar quién le concedió el permiso para acceder al texto ni bajo qué justificación.
El descubrimiento del manuscrito oculto cambia el curso de la investigación. El asesinato deja de ser un acto aislado y se vincula directamente a la posesión y control de un libro cuya existencia compromete al monasterio. El capítulo cierra con la certeza de que el manuscrito es el eje central del crimen y que su influencia alcanza a más miembros de la comunidad de los que se está dispuesto a admitir.