Un segundo asesinato
Mientras la investigación continúa, el monasterio vuelve a verse sacudido por un nuevo crimen. Otro monje es hallado muerto en una zona apartada del recinto, en circunstancias que recuerdan al primer asesinato. El cuerpo presenta heridas similares y la escena muestra nuevamente signos que remiten a prácticas prohibidas, aunque con variaciones que indican una ejecución deliberadamente diferenciada.
El investigador examina el lugar y confirma que el segundo asesinato no es una repetición exacta del primero. La disposición del cadáver, los símbolos empleados y el momento elegido sugieren una intención concreta de enviar un mensaje. Se establece un patrón que vincula ambos crímenes con el acceso a los manuscritos restringidos y con el conflicto interno por su control.
La reacción de la comunidad es inmediata. El miedo se intensifica y el silencio impuesto comienza a resquebrajarse. Algunos monjes exigen una intervención más severa de las autoridades, mientras otros presionan para que el asunto se resuelva internamente y sin exposición externa. Las divisiones dentro del monasterio se hacen visibles.
Se investiga la relación de la segunda víctima con el manuscrito oculto. Se confirma que también había tenido contacto con los textos prohibidos, aunque desde una posición distinta a la del primer monje asesinado. Había participado en reuniones privadas y conocía detalles sobre la custodia del libro y las disputas asociadas a él.
El investigador concluye que los asesinatos responden a una lógica progresiva. No se trata de actos impulsivos, sino de acciones planificadas que buscan eliminar obstáculos y reforzar el control sobre el manuscrito. Con dos víctimas confirmadas, queda claro que el responsable no se detendrá fácilmente y que el monasterio se encuentra ante una amenaza interna aún no identificada.