El video

Capítulo 16 • 10 Feb 2026 2 vistas 3 min

No miré el video de inmediato.

Lo dejé sobre la mesa como se deja un objeto peligroso: sabiendo exactamente qué es, pero postergando el momento de tocarlo. Hasta ahora, todo había sido palabras, archivos, interpretaciones. El video era distinto. No discutía. No explicaba. Mostraba.

Cuando lo abrí, no subí el volumen.

La imagen era fija, granulada. Noche. Iluminación artificial. El borde de la piscina. Gente al fondo, desenfocada, riendo, moviéndose sin notar lo que estaba a punto de pasar.

Luego, el cuerpo cayendo.

No fue violento. No fue dramático.
Fue rápido. Torpe. Definitivo.

El tiempo del video no coincidía con el tiempo de mi memoria. En mi recuerdo, todo había sido confuso, borroso. En la grabación, en cambio, había una claridad cruel: la caída, el impacto, la quietud posterior.

Y yo.

No en primer plano. No como protagonista.
Solo ahí. Deteniéndome. Mirando.
Sacando el teléfono.

El gesto era inconfundible.

No llamé.

Cerré el archivo con manos firmes. Ya no había espacio para reinterpretaciones. Aquella noche no fue un error ni una omisión accidental. Fue una decisión consciente sostenida durante segundos que, ahora lo sabía, habían durado demasiado.

El teléfono vibró.

—Ya lo vi —dijo el periodista—. Es contundente.

—No es un crimen —respondí—. No en términos legales.

—No —admitió—. Pero explica todo lo demás.

Guardé silencio.

—Lo publicaremos mañana —continuó—. Sin nombres propios.
—Pero con suficiente contexto para que el sistema quede expuesto.

—¿Y yo?

—Tú ya estás expuesta —dijo—. La diferencia es si estarás sola.

Colgó.

Esa noche, Lucía volvió a llamar.

—Se llevaron servidores completos —dijo—. No los destruyeron. Los movieron.
—Están preparando una versión oficial.

—¿Cuál?

—Que San Marcos fue malinterpretado. Que era un programa de contención voluntaria.
—Que los participantes firmaron.

Sonreí sin humor.

—Eso es lo peor —dije—. Es verdad.

—¿Entonces?

—Entonces vamos a mostrar qué significaba firmar.

A la mañana siguiente, el video estaba en línea.

No viral. No escandaloso.
Pero imposible de ignorar.

Expertos opinando. Juristas debatiendo. Psicólogos reconociendo patrones. El nombre de San Marcos empezando a aparecer en los comentarios, aunque nadie lo hubiera escrito aún.

Y, entre todo eso, un detalle que no había anticipado:

Un exfuncionario del centro habló.

Luego otro.

Y otro más.

La grieta se abrió del todo.

Esa tarde, recibí un mensaje de un número desconocido.

“Nunca pensé que alguien se atrevería.”

No respondí.

Minutos después, otro mensaje.

“Marco no salió de aquí.”

Me quedé inmóvil.

“Lo movieron antes de que el video saliera.”
“No para protegerlo.”

El pulso me golpeó en los oídos.

Por primera vez desde que todo empezó, sentí algo parecido al miedo. No por mí. Por lo que el sistema hacía cuando se quedaba sin contenedores.

San Marcos no iba a caer solo.
Iba a defenderse.

Y ahora que la verdad era pública,
ya no podían silenciarla.

Solo podían hacerla desaparecer.

Comentarios

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!