Persistencia

Capítulo 22 • 10 Feb 2026 2 vistas 2 min

El primer correo llegó una semana después.

No llevaba urgencia ni amenazas. Tampoco promesas. Era una invitación sobria, casi tímida, a participar en un grupo de trabajo externo sobre ética institucional. Leí el asunto dos veces antes de abrirlo, como si el simple gesto pudiera devolverme a un lugar que ya no existía.

No respondí de inmediato.

Hablar había sido un acto puntual. Seguir hablando era otra cosa. Más lenta. Más exigente.

Ese mismo día, encontré una carta física en el buzón. Sin remitente. Papel grueso. Escritura irregular.

“No sé si hiciste lo correcto.
Pero hiciste lo que yo no pude.”

Nada más.

Me senté en el suelo del pasillo y dejé la carta a un lado. No intenté descifrar quién la había escrito. El anonimato también podía ser una forma de cuidado.

Por la noche, busqué información sobre Marco. No en bases oficiales. En los márgenes: registros antiguos, foros judiciales, archivos mal indexados. Encontré referencias fragmentadas, contradictorias. Un traslado administrativo. Un error de nomenclatura. Un nombre mal escrito.

No estaba desaparecido.

Estaba diluido.

Cerré el navegador. No podía hacer más por él ahora. La persistencia no siempre consiste en insistir; a veces es aprender a esperar sin volver a callar.

Al día siguiente acepté la invitación.

La reunión fue pequeña. Ocho personas alrededor de una mesa demasiado grande. Nadie quería ocupar el centro. No había cámaras. No había grabaciones. No porque se buscara ocultar, sino porque se quería pensar sin espectáculo.

—No necesitamos héroes —dijo alguien—.
—Necesitamos memoria operativa.

Esa frase se me quedó pegada.

Memoria que no se borra.
Memoria que no paraliza.
Memoria que funciona.

Salí de ahí sin sensación de logro. Pero con algo más sólido: continuidad.

Esa noche, al volver a casa, abrí la carpeta Lo que queda y añadí una sola línea bajo el título.

Persistir no es repetir la denuncia.
Es impedir que el silencio vuelva a organizarse.

Apagué la luz.

No sabía cuánto duraría el proceso. Ni cuántas versiones oficiales intentarían imponerse. Pero ya no me sentía sola frente a eso.

La verdad no había ganado.
Pero tampoco había sido absorbida.

Y mientras siguiera moviéndose, aunque fuera despacio,
el sistema tendría que adaptarse a ella…

no al revés.

Comentarios

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!