La llamada

Capítulo 24 • 10 Feb 2026 2 vistas 2 min

El teléfono sonó a las 03:17.

No fue un sobresalto.
Fue una confirmación.

Contesté sin decir mi nombre.

—Soy yo —dijo la voz—.
—No sé cuánto tiempo tengo.

Reconocí el tono antes que las palabras.

—Marco —respondí.

Hubo un silencio breve, cargado de estática.

—No estoy donde crees —dijo—.
—Ni donde ellos dicen.

Me senté en la cama, con el pulso estable a fuerza de costumbre.

—¿Estás a salvo?

Una risa corta, áspera.

—Nadie está a salvo cuando deja de ser útil —respondió—.
—Pero ya no soy un contenedor. Eso ayuda.

Cerré los ojos.

—¿Por qué llamas ahora?

—Porque el archivo salió —dijo—.
—Y porque, por primera vez, mi silencio dejó de ser necesario.

—Puedo ayudarte —dije—. Legalmente. Con contactos.

—No —respondió—.
—No quiero volver a ningún sistema que me necesite callado.

Respiré hondo.

—Entonces, ¿qué quieres de mí?

La línea crujió.

—Que recuerdes esto —dijo—.
—No todos los que se quedan lo hacen por miedo. Algunos lo hacen para que otros puedan salir.

Sentí un nudo seco en el pecho.

—Gracias —dije.

—No —corrigió—.
—Gracias por no volver a olvidar.

La llamada se cortó sin despedida.

Me quedé sentada en la oscuridad, con el teléfono aún en la mano. Afuera, la ciudad seguía dormida. Adentro, algo había terminado de acomodarse.

No sabía si volvería a saber de Marco. No sabía si el proceso judicial llegaría a algo que pudiera llamarse cierre. No sabía si San Marcos sería, algún día, solo un nombre en un expediente.

Pero sí sabía esto:

La llamada que no hice aquella noche
había encontrado, al fin, su respuesta.

Abrí la carpeta Lo que queda una última vez y escribí la última línea.

Hablar no reescribe el pasado.
Pero puede impedir que se repita.

Cerré la carpeta.
Apagué el teléfono.
Y, por primera vez desde el verano, dormí.

No sin recuerdos.
No sin consecuencias.

Pero sin silencio.

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