Capítulo 6
El sol y la luna: luces locales
Según el modelo heliocéntrico oficial, el Sol tiene un diámetro de 1,39 millones de kilómetros y está a 150 millones de kilómetros de la Tierra. La Luna tiene un diámetro de 3.474 kilómetros y está a 384.000 kilómetros. Lo que resulta extraordinariamente improbable desde el punto de vista estadístico es que, desde la Tierra, ambos cuerpos aparezcan exactamente del mismo tamaño angular en el cielo. Eso es lo que hace posible los eclipses solares perfectos, donde la Luna cubre exactamente el disco solar.
Los astrónomos llaman a esto una 'coincidencia notable'. La probabilidad de que dos objetos con esas diferencias de tamaño y distancia aparezcan del mismo tamaño desde un punto específico es astronómicamente baja. Algunos científicos sugieren que hay una explicación antrópica: solo los planetas con esta característica pueden tener observadores conscientes para notarla. Pero esa explicación levanta más preguntas de las que resuelve.
El problema de los ángulos del sol
Si el sol está a 150 millones de kilómetros y su luz llega de forma prácticamente paralela (como rayos paralelos de una fuente muy lejana), ciertos fenómenos observables no deberían ser posibles. Uno de ellos son los rayos de sol visibles en el cielo, llamados 'rayos crepusculares', que aparecen convergiendo en un punto por encima del horizonte. Según la geometría de una fuente lejana, esos rayos deberían ser paralelos. Pero visualmente convergen. La explicación oficial es perspectiva. Pero la misma explicación aplica cuando la fuente es cercana, lo que hace difícil distinguir entre ambos modelos usando solo la observación.
Hay experimentos de sombras realizados en diferentes puntos del planeta simultáneamente que producen resultados inconsistentes con una fuente solar a 150 millones de kilómetros. El experimento original de Eratóstenes, que se usa para 'demostrar' la esfericidad de la Tierra, asume que los rayos del sol son paralelos. Si el sol estuviera mucho más cerca, el mismo experimento daría resultados similares con una Tierra plana.
La luna que brilla sin calentar
La luna refleja la luz del sol. Eso es lo que nos enseñaron. Pero la luz de la luna tiene una propiedad extraña documentada pero raramente discutida: no calienta. Múltiples experimentos independientes, realizados con termómetros precisos, han demostrado que los objetos expuestos directamente a la luz de la luna son entre 0.5 y 3 grados más fríos que los objetos bajo sombra lunar en la misma noche. Si la luz lunar fuera simplemente luz solar reflejada, debería tener el mismo efecto térmico que la luz solar directa (solo atenuado por la reflectividad). Pero no lo tiene.
La explicación oficial es que la Luna refleja principalmente luz ultravioleta e infrarroja, no la parte visible del espectro que calienta. Pero si eso fuera cierto, la luz de la luna debería ser invisible al ojo humano, lo cual obviamente no es el caso. Este es uno de los muchos pequeños misterios que los físicos oficiales tienden a pasar por alto cuando se les pregunta directamente.