La Igualdad Redefinida

Capítulo 11 • 15 Feb 2026 1 vistas 2 min

La palabra igualdad seguía escrita en la pared.

Pero ya no significaba lo mismo.

Con el paso de los meses, el Consejo Central había perfeccionado el sistema. La producción era estable. El orden era impecable. No había caos, ni gritos, ni látigos.

Había disciplina.

Y disciplina, según Baltor, era libertad organizada.

Una tarde, el Consejo convocó a asamblea extraordinaria.

—La revolución ha madurado —anunció Baltor—. Y toda revolución madura redefine sus principios para adaptarse a la realidad.

Los animales escuchaban con atención reverente.

—La igualdad absoluta es un ideal —continuó—. Pero los ideales deben aplicarse con inteligencia.

Se presentó entonces el documento titulado:

“Actualización Fundamental del Principio de Igualdad”

El texto establecía que:

Todos los animales poseen igual valor esencial.

Las funciones determinan responsabilidades diferenciadas.

Las responsabilidades superiores requieren condiciones superiores.

La frase final fue leída con solemnidad:

“La igualdad verdadera consiste en que cada animal ocupe el lugar que mejor protege el orden común.”

Hubo silencio.

No porque no entendieran.

Sino porque entendían demasiado.

El burro levantó la mirada hacia la pared.

Las palabras originales casi no se distinguían bajo las capas de pintura.

Ahora el texto decía:

“Todos los animales son iguales, pero algunos desempeñan funciones superiores para garantizar la igualdad.”

La contradicción era elegante.

Casi invisible.

Bruma, desde el fondo, no habló.

Ya había aprendido que las preguntas no eran bienvenidas.

Las ovejas comenzaron a repetir la nueva consigna:

“Igualdad con función superior.”
“Igualdad con función superior.”

El Consejo ya no necesitaba justificarse con miedo.

Ahora se justificaba con teoría.

Baltor explicó que la estructura era necesaria para evitar el regreso del caos. Que el liderazgo fuerte protegía a los más débiles.

El perro patrullaba en silencio.

Nadie protestó.

Porque nadie quería ser asociado con desorden.

La revolución había prometido que nadie dominaría.

Ahora enseñaba que dominar podía ser una forma de servir.

Y cuando la dominación se presenta como protección, la resistencia se vuelve ingrata.

Esa noche, el burro miró la casa del antiguo amo.

La luz estaba encendida.

No porque hubiera regresado.

Sino porque el Consejo trabajaba hasta tarde.

La casa no parecía diferente.

Solo que ahora estaba habitada por quienes habían prometido no ocuparla.

La igualdad seguía existiendo.

Pero ya no como principio compartido.

Sino como definición oficial.

Y cuando la definición pertenece al poder,
la igualdad deja de ser derecho.

Se convierte en interpretación.

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