El Privilegio Necesario

Capítulo 8 • 15 Feb 2026 2 vistas 2 min

La revolución había cumplido un ciclo.

Había expulsado al amo.
Había creado reglas.
Había consolidado un Consejo.
Había identificado enemigos.
Había redefinido la historia.

Lo que faltaba era lo inevitable: justificar la diferencia.

Una mañana, el Consejo anunció un cambio en las raciones.

—El trabajo estratégico requiere mayor energía mental —explicó Baltor—. Por ello, el Consejo recibirá una porción adicional de alimento.

El silencio fue inmediato.

No era una gran diferencia. Apenas una medida extra de grano. Un poco más de leche.

—Es temporal —aclaró Baltor—. Y necesario.

La palabra “necesario” volvió a imponerse.

El burro habló con cautela.

—¿No habíamos acordado igualdad?

Baltor sonrió.

—Exactamente. Igualdad en dignidad. Pero la función no es idéntica.

Las ovejas repitieron la frase al día siguiente:

“Igualdad en dignidad, función diferenciada.”

Sonaba lógico.

Los miembros del Consejo no trabajaban en el campo. Tomaban decisiones. Vigilaban. Organizaban.

¿No era justo que tuvieran mejores condiciones para pensar?

La mayoría aceptó.

Pero algo más comenzó a cambiar.

El Consejo se mudó definitivamente a la antigua casa del amo.

—No por lujo —explicaron—, sino por infraestructura. Necesitamos espacio para archivos, planificación y reuniones privadas.

El perro ahora dormía en la entrada.

No impedía el paso.

Pero nadie intentaba entrar.

Una tarde, las reglas fueron modificadas nuevamente.

La segunda norma, que decía:

“Ningún animal dominará a otro.”

Ahora decía:

“Ningún animal dominará injustamente a otro.”

La palabra injustamente era reciente.

La dominación, entonces, podía ser justa.

La diferencia ya no era una anomalía.

Era una consecuencia lógica del orden.

El Consejo comenzó a vestir una cinta distintiva durante las asambleas.

—Para facilitar la identificación institucional —dijeron.

No era corona.

No era símbolo de monarquía.

Era solo identificación.

Pero los animales comenzaron a mirar hacia arriba cuando hablaban.

Y el tono de las asambleas cambió.

Ya no eran discusiones abiertas.

Eran exposiciones.

El privilegio no había llegado con violencia.

Había llegado con argumento.

Con necesidad.

Con función.

La revolución seguía en pie.

Pero la igualdad ya no era horizontal.

Se había vuelto estructural.

Y cuando el privilegio se vuelve necesario,
la diferencia deja de ser excepción.

Se convierte en norma.

En el corral, nadie hablaba de dictadura.

Pero el poder ya no se sentía compartido.

Se sentía administrado.

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