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Capítulo 3

No es cuento: la historia del TDAH

09 Abr 2026 5 vistas 3 min

Antes de que el TDAH tuviera nombre, ya existía. En 1798, el médico escocés Alexander Crichton describió una condición que llamó 'inquietud mental': una incapacidad para mantener la atención en cualquier objeto durante un tiempo razonable, especialmente en la infancia. Doscientos años después, esa descripción sigue siendo sorprendentemente precisa.
El término oficial Attention Deficit Hyperactivity Disorder apareció por primera vez en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en 1987. Pero la historia de su reconocimiento y su rechazo es casi tan agitada como el cerebro que describe.
De 'niño difícil' a diagnóstico oficial
En los años 30 y 40, los niños con comportamiento hiperactivo eran clasificados simplemente como 'difíciles', 'nerviosos' o 'sin disciplina'. En los años 60, el psiquiatra norteamericano Charles Bradley descubrió por accidente que las anfetaminas, estimulantes del sistema nervioso central, tenían un efecto paradójico en niños con comportamiento impulsivo: los calmaba. Nadie entendía exactamente por qué. Hoy lo sabemos: los estimulantes aumentan la disponibilidad de dopamina en el cerebro, compensando exactamente la deficiencia que caracteriza al TDAH.
En los años 90 vino la explosión diagnóstica. El reconocimiento del TDAH en adultos, la mejora de los criterios diagnósticos y una mayor conciencia social dispararon los diagnósticos en todo el mundo occidental. Y con ellos, la controversia.
La gran conspiración del Ritalín
En los años 90 y 2000, el medicamento metilfenidato (Ritalín) se convirtió en el símbolo de todo lo que estaba mal con la psiquiatría moderna para sus críticos. 'Están drogando a los niños por ser niños', decía el argumento. 'La industria farmacéutica inventó una enfermedad para vender pastillas.'
Es un argumento poderoso emocionalmente. Y tiene una pequeña semilla de verdad: sí hubo y hay sobrediagnóstico en ciertos contextos, especialmente en Estados Unidos. Pero usar eso para negar la existencia del TDAH es como negar la existencia de la diabetes porque en algunos países se diagnostica mal. El TDAH tiene correlatos neurológicos medibles, tiene respuesta a tratamientos específicos y tiene consecuencias documentadas en la calidad de vida de quienes lo tienen sin diagnóstico ni apoyo.
La pregunta no es si el TDAH existe. La pregunta es cómo lo tratamos, a quién diagnosticamos y por qué durante décadas preferimos castigar a los niños que entender su cerebro.
Dato: El TDAH se diagnostica 3 veces más en hombres que en mujeres, pero no porque los hombres lo tengan más: es porque en las mujeres se presenta con síntomas diferentes (más desatención, menos hiperactividad) que históricamente fueron ignorados o mal diagnosticados como ansiedad o depresión.

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