Cuando el espejo se rompe: la devaluación
Capítulo 4
Cuando el espejo se rompe: la devaluación
Después de la fase de idealización, algo cambia. No de forma abrupta al principio, sino sutil. La mirada que antes elevaba comienza a evaluar. La admiración se vuelve crítica. La intensidad se transforma en distancia.
El espejo ya no devuelve una imagen brillante.
Empieza a devolver defectos.
Y para quien estaba sostenido por esa validación, el impacto es profundo.
La caída del pedestal
En la idealización, el otro era perfecto. En la devaluación, el otro se vuelve insuficiente.
No porque haya cambiado esencialmente, sino porque la imagen proyectada ya no puede sostenerse. La realidad aparece. Y para una estructura narcisista, la realidad no siempre es tolerable.
La diferencia, el error o el límite del otro no se vive como algo natural. Se vive como amenaza.
Crítica y desestabilización
La devaluación puede manifestarse de muchas formas:
comentarios sutiles que minan la autoestima
comparaciones constantes
retirada de afecto
indiferencia calculada
exigencias cambiantes
No siempre es agresión directa. A veces es silencio, frialdad o ambivalencia.
Lo que antes validaba ahora genera inseguridad.
El impacto en la otra persona
Quien estaba en el vínculo comienza a cuestionarse. ¿Qué cambió? ¿Qué hice mal? ¿Cómo puedo volver a ser suficiente?
La autoestima empieza a depender aún más del reconocimiento del otro.
Aquí aparece la dependencia emocional.
El vínculo ya no es intercambio. Es supervivencia afectiva.
La lógica interna
Desde fuera puede parecer incoherente: ¿por qué alguien que idealizó ahora critica? Pero internamente el proceso tiene lógica.
La idealización buscaba regulación.
La devaluación aparece cuando esa regulación falla.
El otro ya no cumple la función de sostener la identidad. Y en lugar de revisar la estructura interna, la tensión se desplaza hacia afuera.
La alternancia como control
En algunos casos, la dinámica no es solo idealización seguida de devaluación, sino alternancia constante entre ambas.
Momentos de afecto intenso seguidos de frialdad.
Reconocimiento seguido de crítica.
Esa intermitencia refuerza el vínculo. La validación ocasional se vuelve aún más poderosa porque es impredecible.
El cerebro aprende a perseguirla.
El desgaste silencioso
Con el tiempo, la persona que recibe la devaluación comienza a perder claridad. Se esfuerza por recuperar la versión inicial del vínculo. Ajusta su comportamiento. Reduce sus necesidades. Minimiza su malestar.
Pero el problema no era su insuficiencia.
Era la estructura que necesitaba un espejo perfecto.
Entender el ciclo
La devaluación no es solo ruptura. Es parte del ciclo de validación.
Idealizar eleva.
Devaluar distancia.
Buscar nueva validación reinicia el patrón.
Sin comprensión de esta dinámica, el vínculo puede repetirse en distintas formas y con distintas personas.
En el próximo capítulo exploraremos cómo esta estructura no solo afecta a quien la ejerce, sino también a quien se vincula desde la necesidad de ser elegido, salvado o confirmado.
Porque en el narcisismo,
el espejo no solo refleja.
También absorbe.