Cuando el espejo se rompe: la devaluación

Capítulo 4 • 12 Feb 2026 2 vistas 3 min

Capítulo 4

Cuando el espejo se rompe: la devaluación

Después de la fase de idealización, algo cambia. No de forma abrupta al principio, sino sutil. La mirada que antes elevaba comienza a evaluar. La admiración se vuelve crítica. La intensidad se transforma en distancia.

El espejo ya no devuelve una imagen brillante.
Empieza a devolver defectos.

Y para quien estaba sostenido por esa validación, el impacto es profundo.

La caída del pedestal

En la idealización, el otro era perfecto. En la devaluación, el otro se vuelve insuficiente.

No porque haya cambiado esencialmente, sino porque la imagen proyectada ya no puede sostenerse. La realidad aparece. Y para una estructura narcisista, la realidad no siempre es tolerable.

La diferencia, el error o el límite del otro no se vive como algo natural. Se vive como amenaza.

Crítica y desestabilización

La devaluación puede manifestarse de muchas formas:

comentarios sutiles que minan la autoestima

comparaciones constantes

retirada de afecto

indiferencia calculada

exigencias cambiantes

No siempre es agresión directa. A veces es silencio, frialdad o ambivalencia.

Lo que antes validaba ahora genera inseguridad.

El impacto en la otra persona

Quien estaba en el vínculo comienza a cuestionarse. ¿Qué cambió? ¿Qué hice mal? ¿Cómo puedo volver a ser suficiente?

La autoestima empieza a depender aún más del reconocimiento del otro.

Aquí aparece la dependencia emocional.

El vínculo ya no es intercambio. Es supervivencia afectiva.

La lógica interna

Desde fuera puede parecer incoherente: ¿por qué alguien que idealizó ahora critica? Pero internamente el proceso tiene lógica.

La idealización buscaba regulación.
La devaluación aparece cuando esa regulación falla.

El otro ya no cumple la función de sostener la identidad. Y en lugar de revisar la estructura interna, la tensión se desplaza hacia afuera.

La alternancia como control

En algunos casos, la dinámica no es solo idealización seguida de devaluación, sino alternancia constante entre ambas.

Momentos de afecto intenso seguidos de frialdad.
Reconocimiento seguido de crítica.

Esa intermitencia refuerza el vínculo. La validación ocasional se vuelve aún más poderosa porque es impredecible.

El cerebro aprende a perseguirla.

El desgaste silencioso

Con el tiempo, la persona que recibe la devaluación comienza a perder claridad. Se esfuerza por recuperar la versión inicial del vínculo. Ajusta su comportamiento. Reduce sus necesidades. Minimiza su malestar.

Pero el problema no era su insuficiencia.

Era la estructura que necesitaba un espejo perfecto.

Entender el ciclo

La devaluación no es solo ruptura. Es parte del ciclo de validación.

Idealizar eleva.
Devaluar distancia.
Buscar nueva validación reinicia el patrón.

Sin comprensión de esta dinámica, el vínculo puede repetirse en distintas formas y con distintas personas.

En el próximo capítulo exploraremos cómo esta estructura no solo afecta a quien la ejerce, sino también a quien se vincula desde la necesidad de ser elegido, salvado o confirmado.

Porque en el narcisismo,
el espejo no solo refleja.
También absorbe.

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