Soñar más lejos que el mundo
Para Tesla, ganar nunca fue suficiente.
Siempre quería ir más allá.
Mientras la corriente alterna comenzaba a transformar ciudades, otros se habrían conformado con el éxito. Tesla no. Su mente ya estaba en otro lugar: transmisión inalámbrica de energía, comunicación a distancia, máquinas que enviarían información y electricidad por el aire como si fuera algo natural.
Veía un mundo conectado antes de que existiera la palabra.
Tesla estaba convencido de que la energía debía ser libre, accesible para todos, sin cables, sin barreras, sin monopolios. Para él, la ciencia tenía una misión casi moral: elevar a la humanidad. Pero esa visión chocaba de frente con los intereses de quienes financiaban el progreso.
Los inversores no querían un mundo libre.
Querían control.
Aun así, Tesla siguió adelante. Construyó laboratorios, diseñó torres gigantescas, experimentó con ondas invisibles y frecuencias que nadie entendía del todo. Muchas de sus ideas parecían ciencia ficción. Para algunos, era un genio. Para otros, un excéntrico peligroso.
La soledad volvió a instalarse.
Este capítulo muestra a Tesla en su fase más visionaria y más vulnerable. Cuanto más lejos miraba, menos gente podía seguirlo. Sus proyectos requerían fe, paciencia y dinero… tres cosas que rara vez conviven.
Pero Tesla no sabía pensar en pequeño.
Su mente no estaba hecha para el presente,
sino para futuros que aún no existían.
Y aunque el mundo todavía no podía verlo,
él ya estaba construyendo
el siglo siguiente. ⚡