Trabajar por miedo

Capítulo 3 • 20 Ene 2026 11 vistas 2 min

El miedo no avisa cuando llega.
Simplemente se instala.

Lo sentí la primera vez que pensé en perder el trabajo. No había pasado nada grave, pero la idea apareció sola, como una sombra: ¿y si me despiden?

Desde ese día, trabajé distinto.

Llegaba antes. Salía más tarde. Decía que sí a todo. No porque quisiera, sino porque tenía miedo. Miedo a no tener sueldo. Miedo a volver a empezar.

Mi padre lo notó.
—Así es la vida —dijo—. Aguanta. Todos lo hacen.

Y tenía razón.
Todos lo hacían.

Pero el otro padre veía algo diferente.

—¿Sabes por qué la gente trabaja tanto? —me preguntó una noche—.
—Porque necesita dinero —respondí sin pensar.
—No —dijo—. Trabajan porque tienen miedo de perderlo.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar.
—El miedo es un gran motivador… pero un pésimo maestro.

Empecé a observar a mis compañeros.

Nadie hablaba de sueños.
Hablaban de bonos, de vacaciones cortas, de aguantar hasta fin de mes.
Reían, pero siempre cansados. Siempre apurados.

El miedo los mantenía en movimiento.
Pero también los mantenía quietos.

Una tarde, después de un error mínimo, sentí ese nudo en el estómago.
Pensé en disculparme mil veces.
Pensé en justificarme.
Pensé en no volver a equivocarme nunca más.

Esa noche fui a la otra casa.

—Me equivoqué —dije—. Y tengo miedo.

El otro padre no se sorprendió.
—Bien —respondió—. Eso significa que estás aprendiendo.

Por primera vez, alguien no me castigaba por fallar.

—La mayoría trabaja para evitar errores —continuó—.
—Pero quien evita errores, evita crecer.

Ese día entendí algo duro:

El miedo mantiene a las personas trabajando…
pero también las mantiene pequeñas.

Y mientras unos trabajaban para esconderlo, otros aprendían a usarlo.

Comentarios

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!