Lo que realmente es un activo
Durante mucho tiempo pensé que un activo era cualquier cosa que se viera valiosa.
Un buen auto.
Una casa grande.
Cosas que impresionan.
Así pensaban casi todos a mi alrededor.
—Cuando gane más, me compraré algo mejor —decían.
Y yo asentía, sin cuestionarlo.
Una tarde, mientras ayudaba al otro padre a ordenar unos papeles, vi que todo estaba dividido en dos columnas. No entendí los títulos, pero sí el orden.
—¿Qué es esto? —pregunté.
—Una forma simple de ver la vida —respondió—. Cosas que me dan dinero… y cosas que me lo quitan.
Miré la lista con atención.
No había lujos.
No había ostentación.
Solo números tranquilos, constantes.
—¿Y dónde está tu casa? —pregunté.
Sonrió.
—En la otra columna.
Me confundí.
—Pero si es algo bueno…
—Es algo que disfruto —dijo—. Pero no me da dinero. Me cuesta mantenerla.
Ese fue el momento exacto en que algo hizo clic en mi cabeza.
Empecé a observar mi propia vida.
El sueldo entraba.
Los gastos salían.
Y al final del mes, no quedaba nada.
Todo lo que compraba me hacía sentir bien… por un rato.
Después volvía la misma carrera.
—Un activo no es lo que se ve bien —me dijo—.
—Es lo que sigue trabajando cuando tú descansas.
Esa frase se quedó conmigo.
Por primera vez entendí que el problema no era cuánto ganaba, sino qué hacía con lo que ganaba.
Mientras unos compran cosas para aparentar progreso,
otros construyen cosas que los sostienen en silencio.
Ese día dejé de mirar el dinero como premio.
Empecé a verlo como semilla.