La victimización estratégica
No todos los manipuladores se muestran fuertes.
Algunos se muestran rotos.
La victimización estratégica es una forma sutil y poderosa de control psicológico. En lugar de dominar desde arriba, el manipulador se coloca abajo. Se presenta como incomprendido, herido, siempre afectado por las acciones de otros. No exige directamente: provoca culpa y compasión.
“Siempre me pasa a mí.”
“Nadie me entiende.”
“Supongo que soy el problema, como siempre.”
Estas frases no buscan consuelo genuino. Buscan algo más profundo: desplazar la responsabilidad. Cuando alguien adopta constantemente el rol de víctima, obliga al otro a convertirse en cuidador, mediador o salvador. La relación deja de ser horizontal.
Poco a poco, la persona empieza a ajustar su comportamiento para no “lastimar”. Evita decir verdades incómodas. Reprime necesidades propias. Cede para mantener la paz. Y sin notarlo, queda atrapada en una dinámica donde el bienestar del otro siempre es prioridad.
Este tipo de manipulación es difícil de identificar porque parece sensibilidad. Pero hay una señal clara: el sufrimiento del manipulador nunca conduce a soluciones, solo a más dependencia. Cada conflicto termina reforzando su rol de víctima.
La victimización estratégica no busca sanar.
Busca permanecer en control sin asumir poder.
Reconocerla implica aceptar algo incómodo: ayudar no siempre es sanar. A veces, ayudar sin límites solo mantiene el problema. Y la empatía sin fronteras puede convertirse en una jaula emocional.
Recuperar el equilibrio empieza cuando entiendes que acompañar no significa cargar.
Que comprender no significa ceder siempre.
Porque cuando alguien usa su dolor como argumento constante,
no está compartiendo vulnerabilidad…
está dirigiendo la relación desde ella. 🧠