La distorsión de los límites

Capítulo 8 • 21 Ene 2026 7 vistas 2 min

La manipulación más efectiva no elimina tus límites.
Los redefine.

Al principio, tus límites existen: lo que toleras, lo que no, lo que estás dispuesto a dar y lo que no. Pero en la psicología oscura, esos límites se erosionan lentamente. No con órdenes, sino con pruebas pequeñas y constantes.

“Solo esta vez.”
“No es para tanto.”
“Antes no te molestaba.”

Cada frase empuja un poco más. Y cuando no hay reacción, el límite se mueve. Lo que ayer era inaceptable hoy se normaliza. No porque haya cambiado tu criterio, sino porque te acostumbraste a ceder.

Este proceso es peligroso porque no se siente como violencia. Se siente como adaptación. Como comprensión. Como madurez. Pero en realidad, es una pérdida gradual de autonomía.

El manipulador observa con atención:
qué aceptas,
qué justificas,
qué perdonas.

Y ajusta su conducta en función de eso. No rompe todos los límites de golpe; los desgasta hasta que dejan de existir. Cuando finalmente intentas poner uno nuevo, la reacción suele ser desproporcionada: enojo, victimización, silencio o gaslighting.

La señal clave es esta:
cuando poner un límite genera más conflicto que cruzarlo.

Reconocer la distorsión de los límites implica volver a una verdad simple: los límites no necesitan ser explicados en exceso. No son negociaciones eternas. Son expresiones de autocuidado.

Recuperarlos puede generar incomodidad, incluso culpa. Pero esa incomodidad es temporal. La pérdida de límites, en cambio, tiene efectos duraderos: confusión, agotamiento y resentimiento.

Porque cuando alguien necesita que no tengas límites para estar en paz,
no busca conexión…
busca control sin resistencia.

Y recuperar tus límites no es dureza.
Es volver a ocupar tu propio espacio mental y emocional.

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