Integrar experiencias para crear equilibrio emocional
Los autores explican que muchas de las dificultades emocionales de los niños surgen cuando sus experiencias quedan “desordenadas” dentro del cerebro. Emociones, recuerdos y sensaciones se almacenan sin conexión, generando reacciones intensas o confusas ante situaciones cotidianas. Integrar esas experiencias es clave para lograr equilibrio emocional.
Integrar significa ayudar al cerebro a unir lo que siente con lo que piensa. Cuando un niño vive una situación difícil y no logra comprenderla, esa experiencia queda fragmentada. Puede reaparecer más tarde en forma de miedo, rabia o ansiedad, sin que el niño sepa por qué.
Siegel y Bryson proponen que el adulto ayude al niño a contar su propia historia. Hablar sobre lo ocurrido, recordar lo que sintió y ponerlo en palabras permite que el cerebro procese la experiencia de forma saludable. Al narrar, el niño ordena su mundo interior.
Este proceso no solo sirve para situaciones negativas. También fortalece la autoestima y la identidad. Cuando un niño entiende lo que vive, se siente más seguro y confiado. Aprende que sus emociones tienen un lugar y un sentido.
El capítulo subraya que la integración no ocurre de manera automática, sino a través de la relación. El acompañamiento del adulto actúa como un puente que ayuda al cerebro infantil a crecer de forma armónica, construyendo una base emocional sólida para el futuro.